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El agua no necesita más diagnósticos

El agua no necesita más diagnósticos

No soy ingeniero ni pretendo serlo. Pero fui funcionario público durante diez años: equipos grandes, presupuestos complejos y proyectos que dependían de decisiones que no siempre pasaban por mí. Sé lo que es tener voluntad, tener el diagnóstico claro y no contar con el poder real para ejecutar. También llevo más de dos décadas como empresario. Quien lo es sabe que resolver problemas forma parte del ADN empresarial. Por eso, cuando observo el problema del IDAAN, lo hago desde ambos lados.

Y lo que veo lo sabemos todos, aunque pocos lo dicen: Panamá no tiene un problema de agua. Tiene un problema de gestión.

Somos uno de los países más lluviosos del mundo. Tenemos 52 cuencas hidrográficas. El agua existe. Y, aun así, más de un millón de personas no recibe suministro continuo, según el Censo de 2023. Azuero lleva más de un año sin agua potable certificada del grifo. Betania, San Miguelito y Panamá Este enfrentan cortes que antes no eran normales.

El IDAAN no falla por falta de agua. Falla porque durante muchos años ha sido manejado políticamente y no técnicamente. Catorce directores en 26 años. Una tarifa sin modificarse desde 1982. Un presupuesto que nunca superó el 2% del gasto estatal. En 2025, con $247 millones disponibles para inversión, apenas ejecutó el 26.9%. No es falta de dinero. Es incapacidad institucional para moverlo.

Y, contrario a lo que algunos sostienen, los ingenieros no son el problema. El problema es no tener un plan serio de largo plazo ejecutándose ni administrar la institución con criterio técnico.

Ese es el diagnóstico, y desde allí propongo algo concreto.

La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ya demostró que Panamá sí puede gestionar infraestructura crítica con estándares mundiales cuando se le quita la política de encima: autonomía real, visión de largo plazo, personal técnico, procesos robustos y rendición de cuentas. El Canal no improvisa, y el agua tampoco debería improvisarse.

Mi propuesta es que la ACP asuma la operación técnica —plantas potabilizadoras y red de distribución— en Panamá, Colón y Panamá Oeste en una primera fase. El IDAAN mantendría la comercialización en esas zonas —medidores, facturación y cobro— y seguiría operando el resto del país sin la presión operativa de la zona metropolitana, mientras se construye la capacidad para expandir el modelo.

Hablo de una transición ordenada, por fases, que respete lo que realmente puede ejecutarse bien.

Pero la ACP tendría que entrar con un plan maestro hídrico de 50 años. Y para eso no hacen falta más diagnósticos. El IDAAN acumula decenas de estudios. El problema nunca fue la falta de información, sino la ausencia de orden, priorización y ejecución. Lo que hace falta es que alguien serio tome ese material, lo depure y lo convierta en una hoja de ruta. ¿Quién mejor que la ACP?

¿Por qué 50 años? Porque en 10 años se planifican obras; en 50 se planifica seguridad hídrica: cuencas, reforestación, cambio climático, crecimiento urbano, demanda futura y nuevas fuentes. El agua no es un proyecto. Es el recurso estratégico que definirá la competitividad y la calidad de vida de Panamá durante el resto del siglo.

¿Y el financiamiento? La ACP transfiere al Estado alrededor de $2,800 millones anuales. Propongo que retenga $500 millones para ejecutar este plan bajo sus propios estándares, no como traslado al presupuesto general donde el MEF pueda reasignarlo, sino mediante un fideicomiso hídrico blindado por ley y con ejecución plurianual.

Además, al asignarle esta responsabilidad a la ACP, la operación del agua quedaría enmarcada dentro de su ley orgánica, la misma que durante décadas ha mantenido al Canal libre de interferencia política. No hay que inventar la rueda. Hay que utilizar lo bueno que ya tenemos.

Sobre la tarifa, sabemos que ningún gobierno la aumentará antes de que mejore el servicio. Que mejore primero con recursos de la ACP y luego se ajuste gradualmente, ligado a resultados medibles y no a decisiones coyunturales.

No estoy inventando nada. El modelo existe y funciona en el Canal. Lo que falta es la decisión política de aplicarlo donde más se necesita.

El agua no puede seguir siendo rehén de la agenda electoral ni del discurso político. En el país más lluvioso de la región, que más de un millón de personas no tenga acceso continuo al agua no es un problema técnico. Es una vergüenza nacional.

El autor es empresario y fue director de Aseo de la ciudad de Panamá entre los años 2006-2009.


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