Según la Real Academia Española (RAE), ahorrar significa reservar una parte de los ingresos ordinarios y guardar dinero como previsión para necesidades futuras. En economía, se suele decir que renta es igual a consumo más ahorro (Y=C+S), de modo que también pudiéramos decir que ahorro es igual a ingreso menos consumo (S=Y-C). Cuando hablamos de renta, hacemos referencia al ingreso. Sea como queramos expresarlo, bien sea que el ahorro es lo que resulta del ingreso una vez cubiertos los gastos o que los gastos sean lo que deriva una vez reservado el ahorro, no podemos negar que esta variable es fundamental, pues juntamente con la inversión son básicos para la acumulación de capitales. (Fundamentos de economía, M. Astudillo, 2012).
Según un informe publicado por la Superintendencia de Bancos de Panamá, titulado “Impacto de la pandemia ocasionada por el covid-19 en los ahorros del sistema bancario nacional”, para el año 2020 existían 4,732,054 cuentas, de las cuales 4,538,148 pertenecían a personas naturales, lo que representaba para esa fecha el 96% de todas las cuentas del sistema con un saldo promedio de $3793.80 por persona.
Un estudio realizado en el año 2022 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sostiene que los hogares panameños son los que mantienen la mayor tasa de ahorro de la región, cercana al 30% del ingreso disponible bruto (aunque también conquistamos un buen sitial en endeudamiento).
Una de las primeras interrogantes que surge con la recién aprobada Ley de Educación Financiera es la actitud que tienen los niños y jóvenes hacia el ahorro. Lejos queda la imagen aquella del docente que, con cartuchera en mano, recogía centavo a centavo, moneda a moneda, aquella porción que sus estudiantes dejaban de consumir en el recreo para acumular para la época navideña.
En aquellas aulas remotas había de todo, desde el padre de familia que aprovechaba la facilidad y disponía desde casa de una suma para que su hijo y acudido llevara para el ahorro escolar, hasta el niño que de por sí sacrificaba su mesada para ahorrar. Quizá las acciones sean más meritorias que el discurso y necesitemos retomar esta práctica tan hermosa, para empezar todo este nuevo ciclo de inclusión financiera.
Pero, ¿cómo ahorrar? ¿Cómo sacrificar el consumo presente? ¿Cómo operativizar esta acción? Diversas son las alternativas. Desde la banca local, que ofrece cuentas navideñas que pueden suponer la génesis del hábito cuando no se ha arraigado, con cuentas que pueden partir desde un balboa por semana, hasta ciertas estrategias como el desafío de las 52 semanas (depositar $1 en la primera semana, $2 en la segunda, hasta llegar a la semana 52 donde se deben depositar $52). Este reto supone un ahorro final de $1,378.00 anuales. Nada mal para empezar con un balboa semanal, pero algo complejo cuando se trata de semanas que superen los $10.
Algunos proponen el Principio de Pareto 80-20 (80% del ingreso para gastos y 20% para ahorro) y otros el modelo 50-30-20 (50% para gastos fijos, 30% para gastos variables y 20% para ahorro).
Podemos también adoptar el método del ahorro flexible, cuando más ingresos haya (décimo tercer mes, bonos, entradas extras) más se ahorre o cuando menos gastos tengamos más destinemos al ahorro; sin embargo, lo fundamental aquí es el hábito y sobre todo la actitud.
Frente a la cultura de consumismo que se apropia de los espacios y las redes sociales, vale plantearse qué supone el ahorro para cada uno, cómo disminuir el consumo de elementos superfluos y cómo cultivar el ahorro en las nuevas generaciones.
La autora es docente del Centro Regional Universitario de Veraguas, Facultad de Economía de la Universidad de Panamá
