Hay hechos que son tan verdad que parecen mentira y por eso no aguantan ser contados si no se convierten en literatura, porque esta no aspira a la verdad (necedad en la que insisten muchos autores, por eso no funciona lo que escriben), sino a la verosimilitud que, aunque se parecen, no son lo mismo ni se escriben igual, y confundirlas tienen una consecuencia inmediata: mala literatura.
Que el auto denominado “gurú” no se iba a presentar al juicio era de esperarse, pero lo que ha sido un giro de los acontecimientos, demostrando que la realidad siempre supera la ficción, ha sido el ya tristemente célebre abogado de oficio que se presentó con un dosier de enamorado pretérito contra la jueza que instruye el caso, dándonos toda una lección de creación de argumento y tramas truculentas: la ficción vencida por la loca realidad.
Apelar a estas alturas a la vergüenza, invocar valores o hablar de respeto es absurdo, ya en este país poco queda de eso, sobre todo entre los protagonistas de la actualidad política que siguen afectando con su comportamiento arrabalero y corrupto a las instituciones. Esta trama de sinvergüenzura y amores caducos es quizás la mejor campaña que la realidad puede regalarle a los partidos independientes. Falta ver si ellos estarán a la altura de la misión que se les viene encima.
En tiempos del “New Business” no solo veremos comprometido el amor: se pondrán en juego los argumentos más burdos, las excusas más peregrinas, los motivos más viles. A la maltrecha democracia, hablando en lenguaje boxístico, le van a dar una andanada de golpes bajos (sin árbitro que la defienda), convertida hace rato en la víctima del pillaje de los políticos y la indolencia clientelista de gran parte del electorado, y aunque no hay que generalizar, urge que, entre los nuevos políticos y los ciudadanos decentes, vayamos desmontando cuanto antes esta trampa de muerte cívica en la que se ha convertido nuestra realidad.
El autor es escritor
