Hace cuatro años, el mundo despertó a una realidad que creíamos superada. El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania, violando no solo la Carta de las Naciones Unidas, sino la premisa misma de la convivencia internacional: que las fronteras no se redibujan por la fuerza ni las diferencias se resuelven con tanques. Desde entonces, misiles y bombardeos indiscriminados han arrasado ciudades y los civiles han pagado el precio del sueño imperialista de Putin.
Esta guerra no es un conflicto lejano. La agresión rusa tiene efectos tangibles en todo el mundo. Económicamente, la manipulación de los mercados de energía y alimentos por parte de Rusia ha disparado la inflación y puesto en riesgo la seguridad energética y alimentaria de países que, como los de América Central, dependen de estas importaciones. Políticamente, la guerra ha sacudido el orden mundial y erosionado la confianza en las normas internacionales. La soberanía, la integridad territorial y el arreglo pacífico de controversias son principios universales, esenciales para la seguridad de todos los Estados, grandes y pequeños por igual.
Además, Rusia busca desestabilizar la economía global a través de ciberataques y sabotajes de cables submarinos, a la vez que trata de fracturar alianzas internacionales con campañas de desinformación. Nuestros mares son atravesados por barcos de dudosa procedencia, parte de la flota fantasma rusa que, transportando petróleo en malas condiciones técnicas, expone nuestras costas a desastres ecológicos.
Rusia ha tenido múltiples oportunidades para poner fin a la guerra. Solo en 2025, Moscú rechazó siete iniciativas de paz, incluida una tregua navideña, mientras Ucrania ha demostrado sistemáticamente su disposición a la paz, al tiempo que se enfrenta a una brutalidad constante.
La posición de la Unión Europea es clara: queremos una paz justa y duradera en Ucrania. La rendición de cuentas por el sufrimiento y la destrucción causados también será esencial, tanto para la justicia como para reforzar el respeto del derecho internacional. Al mismo tiempo, la persistente agresión rusa ha puesto en relieve la necesidad de asumir mayor responsabilidad sobre nuestra seguridad. La Unión Europea se está rearmando y coordinando esfuerzos para asegurar la defensa de Europa y la estabilidad de nuestra vecindad.
Apoyamos plenamente al pueblo ucraniano con asistencia política, económica y humanitaria, y contribuimos activamente a los esfuerzos de paz liderados por Estados Unidos. No obstante, es necesario expandir estos esfuerzos a nivel global. Solo mediante el multilateralismo y la acción conjunta podemos impedir que la fuerza reemplace al orden internacional basado en reglas.
En este contexto, Panamá es un socio indispensable para la Unión Europea, unidos por nuestro compromiso con la democracia, el multilateralismo, los derechos humanos y el derecho internacional. En un mundo interconectado, salvaguardar estos principios es también defender la paz y el futuro de todos los países, incluido Panamá.
Hoy, al conmemorar este cuarto aniversario, el más doloroso de la historia reciente de Europa, nuestro mensaje es claro: Ucrania no está sola. Rusia no quebrantará la resistencia ucraniana ni la cohesión de sus aliados. Defender a Ucrania es defender el derecho de todas las naciones a existir como Estados independientes y a determinar su propio futuro. Este es el orden internacional que la Unión Europea promueve y que seguirá protegiendo en Ucrania y en todo el mundo.
¡Slava Ukraini!
La autora es embajadora de la Unión Europea en Panamá.


