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El auge de la inteligencia artificial: ¿a costa del resto de la tecnología?

Vivimos una era en la que la inteligencia artificial (IA) gana terreno a pasos agigantados en las estrategias digitales de las empresas. Según el informe de Deloitte AI is capturing the digital dollar. What’s left for the rest of the tech estate?, en 2025 el 74% de las organizaciones encuestadas declaró haber invertido en esta tecnología o en IA generativa (IA Gen, por sus siglas en inglés), lo que las sitúa muy por delante de las inversiones en gestión de datos, nube u otras tecnologías fundamentales.

A primera vista, parece una buena señal: invertir en lo nuevo y en lo que promete un salto cualitativo. Pero al examinar los datos con más detalle surge un riesgo: que esa concentración de presupuesto en IA venga acompañada del descuido de las bases tecnológicas. Y ese escenario, a mediano plazo, puede generar problemas.

Desequilibrio presupuestario y consecuencias

El informe muestra que los presupuestos digitales están aumentando y pasaron de 7,5 % de los ingresos en 2024 a 13.7% en 2025, en promedio, entre las empresas encuestadas. Sin embargo, ese crecimiento no se distribuye de manera uniforme, ya que más de la tercera parte del presupuesto digital se enfoca únicamente en IA (aproximadamente un 36%), dejando menos recursos para la plataforma, la arquitectura de datos, la ciberseguridad y los sistemas de soporte.

La consecuencia es clara: aunque la IA ofrece grandes promesas, si se apoya en una infraestructura débil, el rendimiento real puede verse limitado. De hecho, el informe advierte que “ninguna tecnología puede cargar sola el valor empresarial”, y que las inversiones desbalanceadas pueden dejar huecos —en datos, seguridad y resiliencia— que comprometen incluso los proyectos más ambiciosos.

¿Valor real? Sí, pero fragmentado

Otro hallazgo relevante es que las inversiones están generando retorno, pero la forma de medirlo varía considerablemente. El 84% de quienes invirtieron en IA afirma estar obteniendo un retorno sobre la inversión (ROI), pero al analizar el valor a nivel de mercado, de rendimiento o de flujo operacional, aparecen diferencias significativas. Por ejemplo, las empresas que invirtieron en IA reportaron una menor probabilidad de ver aumentos sustanciales del valor de mercado (43%) frente a las que invirtieron en datos o seguridad (entre 65% y 66%).

La IA, por sí sola, no es una llave mágica; es un componente esencial que debe integrarse en una estrategia más amplia, con mediciones coherentes, liderazgo comprometido y una base tecnológica sólida.

Para reflexionar

1. Aumentar el presupuesto digital… sí, pero con estrategia. Es positivo que las empresas expandan sus inversiones, pero hacerlo sin dirección puede desperdiciar recursos. Es necesario definir cuánto va a infraestructura, cuánto a seguridad y cuánto a innovación. Si todo se orienta hacia IA, la balanza podría desequilibrarse.

2. Medir el valor más allá del ROI inmediato. El informe destaca que el valor debe medirse en múltiples dimensiones: ROI técnico, capitalización de mercado, indicadores clave de rendimiento (KPIs) y nuevas vías de monetización. Medir solo el ROI de la IA ofrece una imagen incompleta.

3. Alinear liderazgo e incentivos. Uno de los principales obstáculos reportados es la falta de alineación de incentivos entre los equipos de tecnología, finanzas y operación. Si el chief technology officer (CTO) impulsa la innovación y el chief financial officer (CFO) impulsa el control de costos sin un norte común, el resultado puede ser desconectado. Para avanzar, es necesario que toda la cúpula directiva colabore bajo un marco de valor compartido.

Para que la IA cumpla su promesa, debe apoyarse en buenos cimientos: datos limpios, arquitectura flexible, seguridad robusta, procesos eficientes y talento capacitado. De lo contrario, podría convertirse en una gran ilusión cuyos beneficios reales se diluyan.

Mi llamado a los líderes es claro: observen el panorama completo, no solo el brillo de la tecnología más reciente. Apostar por IA es la posición ganadora únicamente si viene acompañada de equilibrio, medición rigurosa y coherencia estratégica. Las organizaciones que lo hagan no solo ganarán hoy, sino que construirán capacidades sostenibles para seguir ganando mañana.

El autor es socio líder de Deloitte Panamá.


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