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El ávatar de Martinelli

Si creemos en la mayoría de las encuestas, se vislumbra que José Raúl Mulino ganará las elecciones del 5 de mayo, aunque hay que tener en cuenta que más de un cuarto del electorado no ha arribado a una decisión. Un candidato a vicepresidente, abanderado por los partidos Realizando Metas y Alianza, que marcaba en febrero tan solo el 5.7% de la preferencia electoral, con la salida de Martinelli se ha puesto a la cabeza con el 27% o hasta el 29%, una cantidad casi irremontable para los demás siete candidatos. Los que aparecen más cerca, todo esto según las encuestas, son Rómulo Roux, Martín Torrijos y Ricardo Lombana. ¿A qué atribuir este surgimiento tan espontáneo de Mulino? ¿A un voto castigo de los seguidores de Martinelli? ¿Al poco carisma que representan los otros candidatos? ¿A las poco claras, o poco creíbles, planes de gobierno? Lo cierto es que nuestro próximo presidente heredará una ciudadanía dividida, con las finanzas públicas en déficit y la degradación de nuestra deuda por Fitch a casi bonos chatarra; y en las recomendaciones que seguramente seguirán las otras calificadoras de riesgo, como Standard & Poor’s y Moody’s.

Por eso, en los debates, cuando escucho los planes quiméricos de los siete candidatos participantes, me pregunto con qué recursos contarán, como Mulino, por ejemplo, proponiendo un tren de Panamá a David. Estas elecciones me recuerdan las del 8 de mayo de 1994, en las cuales también participaron 15 partidos políticos y 7 candidatos, que a solo 4 años de la incruenta invasión por parte del ejército de Estados Unidos, devolvió al poder al partido de los militares, el PRD. En esa elección fue elegido Ernesto Pérez Balladares. Esto me trae a la mente que, con el resultado de estas elecciones, el entonces presidente Guillermo Endara advirtió que existía un peligro de que el PRD volviera a caer en los vicios del régimen militar.

¿Se desinflará el globo político de Mulino? La política es el arte de lo posible. Conversando con algunos politólogos, estos señalan que, al final, se impondrá la estructura de los partidos con más miembros y recursos. Admito que, a ciencia cierta, todavía no vislumbro un favorito, pero me inclino por Roux. Presumo que más o menos el 27% de los indecisos no votarán en plancha para favorecer a determinado candidato, pero sería una verdadera tragedia que ganara el candidato de Martinelli, quien ha asegurado que lo indultará. También pienso que Martín Torrijos, a quien más le quitará votos, es a su antiguo PRD.

Casi a menos de un mes de las elecciones del 2024, me atrevo a apostar que todavía no están decididas. En política, un mes es una eternidad. Ojalá las gane el candidato que más pueda hacer el bien a Panamá.

El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.


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