La 27.° Conferencia de la ONU sobre el Clima (COP27) se realizó en Egipto del 6 al 20 de noviembre. En la víspera, inundaciones sin precedentes hundieron a un tercio de Pakistán, mientras Estados Unidos se encontraba bajo la mega sequía más extrema en los últimos 1,200 años y Azuero sufría las inundaciones más devastadoras en la historia. Por otro lado, mientras la Convención Climática de la ONU cumplía 30 años en 2022, desde su creación la contaminación causante de la crisis climática se ha más que duplicado.
La COP27 debió haberse reunido en sesión de emergencia y sus resultados debieron reflejar la magnitud de esta crisis. Sin embargo, una vez más defraudó a las presentes y futuras generaciones. Como indicó el secretario general de la ONU, “estamos en una autopista hacia el infierno”.
Al enfermarnos, buscamos un médico para identificar la causa y atenderla inmediatamente. Esta lógica no aplica en las negociaciones climáticas de la ONU, donde nuevamente el poder de la industria petrolera imperó sobre el futuro de la humanidad.
Es inconcebible que en 30 años los líderes del mundo no hayan podido acordar en papel que los combustibles fósiles son la causa de la crisis climática y que por lo tanto debemos eliminarlos. El paquete final de decisiones de Egipto solo incluye una copia del texto de la conferencia del año pasado, pero no lo fortaleció como lo exigía AILAC, un bloque de países progresistas de América Latina que incluye a Panamá y las islas del mundo, entre otros.
Con todo, aun cuando en general la Conferencia del Clima de Egipto fue decepcionante, en ella se libraron y ganaron batallas dignas de ser reconocidas. Así, por ejemplo, se acordó la creación de un fondo para indemnizar a los países que sufren pérdidas y daños relacionados con la crisis climática, un logro para las naciones en vías de desarrollo, cuya organización y funcionamiento se negociará por los próximos dos años. Y en este empeño destacó también la admirable labor del Programa de Jóvenes Negociadores por el Clima, que apoyamos desde Geoversity, el cual logró capacitar a 55 jóvenes negociadores de 27 países presentes en la conferencia, que continuarán defendiendo nuestro derecho al futuro.
El autor es director de la Escuela de Liderazgo Biocultural de Geoversity para Ciencia en Panamá
