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El Canal de Panamá en tiempos del trumpismo

Las declaraciones del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ameritan un análisis más allá de lo coyuntural, ya que, más bien responden a un problema estructural de dependencia y subordinación de las élites políticas nacionales. Las más recientes, de diciembre del año pasado, estribaban entre las denuncias por cobro de peajes injustos, reclamos de la presencia China, hasta la recuperación del Canal. Trump hace explícito los intereses implícitos del imperialismo estadounidense. Las declaraciones con este tono se extendieron hasta el 25 de diciembre, cuando se conoció el nombre del próximo embajador estadounidense en Panamá, Kevin Merino Cabrera, quien, según CNN, es comparable con Marco Rubio, próximo secretario de Estado.

En el ambiente, en el sentido común, hay quienes quieren que vuelvan los “gringos”, lo cual evidencia la necesidad de reforzar nuestra educación con respecto a la historia de las relaciones de Panamá con los Estados Unidos, para adquirir una conciencia nacional liberadora. También hay que añadir que, no hay contradicciones entre el discurso que en Panamá inicia la frontera con Estados Unidos y las opiniones de Trump. Nada de lo que diga el próximo inquilino de la Casa Blanca se puede tomar a la ligera.

Eso implica conocer nuestra historia, de las luchas soberanistas de toda la década del cincuenta, de la gesta heroica de enero de 1964 y con el corolario del Tratado Torrijos-Carter. Además de estos aspectos, de suma relevancia, también estamos ante la oportunidad para debatir qué tipo de país queremos y cuál es el papel del canal en su desarrollo. No para caer en un nacionalismo abstracto de nuestros políticos amanuenses y evocar una falsa unidad para desviar la atención. Estamos ante una coyuntura con temas sensitivos: apertura de mina y reforma de la Caja de Seguro Social, lo cual requiere de un gran consenso nacional para satisfacer los más caros intereses sociales de la población y, no imponer como se acostumbra.

Vivimos en un mundo multipolar, pero aún las colas del Leviatán imperial pegan fuerte. El trumpismo como doctrina de choque, busca desestabilización y estructuralmente es parte de la crisis de hegemonía de los Estados Unidos. Para encararlo en este contexto, además de una conciencia nacional liberadora, es imperativo un proyecto de integración regional.

El autor es doctor en filosofía


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