El agua apareció en el universo al tomar forma, compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Se trata de una de las materias más singulares del planeta: el 97% la encontramos en los océanos y mares; sólo el 2% es dulce -la mitad se encuentra en los glaciares- y el 1% está destinado al consumo humano. Hay un peligro muy real que los países de lejano horizonte -países desarrollados- se encaminen a la guerra en aras de tener la hegemonía por el agua, a causa de la crisis climática. Es así que el agua es el nuevo oro. Se trata de una de las mercancías más codiciadas del mundo.
Nos encontramos en una encrucijada. Competir con la naturaleza por el agua es librar una batalla por nuestra propia existencia. El crecimiento exponencial del consumo humano de agua pone a prueba su sistema de suministro. El agua dulce ha sido tradicionalmente una fuente confiable para Panamá, esencial para afianzar el papel de la vía interoceánica en el comercio mundial. Sin embargo, el calentamiento global y el cambio climático puede significar que en un futuro no muy lejano escasee. Incluso, puede que aumente el nivel del mar, producto del cambio climático. Independientemente de las circunstancias, es perentorio aprovechar la tecnología para que Panamá sea un canal al servicio del comercio mundial. ¿Te has preguntado cómo será nuestro canal en el mañana?
La globalización nos exige cambios trascendentales. Nos desafía a adaptarnos a ese cambio para estar a la vanguardia de la nueva realidad. Panamá es, ha sido y será un canal de comunicación y unión que debe reinventarse a fin de asumir estos cambios y seguir floreciendo en el mañana.
El canal de hoy fue soñado y visualizado hace siglos por mentes creativas del otro lado del mundo y de los hermanos de Estados Unidos (EU). Soñaron un canal interoceánico, que hoy es una obra maestra de la ingeniería moderna.
Es hora de que nos planteemos y soñemos nuestro canal desde el imaginario colectivo panameño. De pronto es un sueño que puede ser cristalizado en unos cien años con estrategias ingenieriles diferentes a las que conocemos hoy.
Depende de la nueva generación vencer retos e incluir la nueva tecnología para que Panamá suba de escalón y siga siendo líder en la conectividad global. De nada sirve conectarnos con el mundo si no nos conectamos primero entre nosotros. Para ello, tengamos una cultura de innovación, sobre todo, aprovechando el capital humano que está dispuesto a dar el primer paso hacia la meritocracia.
Comparto algunas ideas ue parecieran locas pero que pudieran ser los fundamentos del canal del mañana. ¿Y si hubiera un canal aéreo con un sistema de cableado que haga posible que los buques sean arrastrados por un sistema que así lo posibilite? ¿Y si se trata de un Canal terrestre automático que reemplace el sistema de elevación a través de las esclusas? ¿Y si fuese un canal subterráneo que diese doble uso a la vía? ¿Y si el cambio climático aumenta el nivel de las aguas y ya no es necesario el Canal tradicional con esclusas? ¿O si hacemos realidad el canal propuesto por los EU que sería construido a la altura del Darién y que pasaría a manos panameñas en 2067, según lo establecido en los tratados del canal -conocidos. como tres en uno- ? Las oportunidades se crean. No esperen que otros las creen por ti. No nos quedemos esperando: ¡hay que comenzar!
El autor es participante del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC) 2021.
