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El carácter moral de la reforma pensional

Parto por aclarar que lo vertido en este artículo, son mis opiniones personales. Por ningún motivo deben interpretarse las mismas como opiniones gremiales o del gobierno.

El jueves 17 por la tarde, los sindicatos obreros, agrupaciones magisteriales y de salud marcharon a la Presidencia a exigir que la discusión sobre las reformas del Seguro Social, converja en una solución “solidaria” totalmente respaldada por las arcas del Estado.

En otras palabras, los manifestantes, a pesar de la apabullante evidencia demográfica que destruye cualquier esfuerzo razonable de mantener una pensión como la que se paga, sin mover para arriba cuotas, número de cotizaciones y edad de jubilación, en un acto de negación masiva, insisten en dejar las cosas como están. Pero ellos bien saben que esa solución, al no balancear lo que se recibe con lo que se paga, requerirá enormes recursos financieros para cubrir el déficit, sin que cese la hemorragia.

Aquí, lo más cautivante de esta postura es que será sin costo para los asegurados cotizantes, porque todos los recursos para cubrir el déficit saldrán de los ingresos del Estado y de una serie de rubros de dudosa existencia, como recaudaciones sustanciales de una discutible evasión fiscal, de recursos fantasmas de un cable transoceánico. En fin, de todos lados menos del bolsillo del cotizante que sigue recibiendo una pensión de lujo, por lo poco que paga.

Viendo la marcha, observamos, a ojo de buen cubero, que los manifestantes, maestros y profesores, médicos y enfermeras y obreros sindicalizados, todos ganan mensualmente mucho más del salario promedio del país, un poco que menos de $800. Los maestros ganan el doble, los obreros de la construcción $10 y $12 por hora. La intelectualidad universitaria ni se diga. Todos tienen empleos estables, protegidos por leyes especiales o fueros sindicales y que su inmensa mayoría son adultos mayores a 40 años, la gran mayoría con carrito, casa y cable. No hay duda, que estos manifestantes son una parte importante de la clase media panameña. No son clase baja ni son pobres. Pero fingen pobreza para, en palabras del nuevo Nobel, Daren Acemoğlu, “extraer” rentas del resto de la sociedad. En este caso, han tratado de conculcar el ahorro de los más jóvenes, que, por cierto, no estaban en la marcha, pero sí en la protesta contra la mina. Ahora, tratan de extraer los posibles excedentes de renta nacional que debe ir a crecimiento y desarrollo.

Siempre se ha dicho que las actuaciones humanas deben comenzar por tener un sustento moral. Y de allí a la acción racional y con el mayor impacto posible.

Entonces si fuera cierto que pudiésemos capturar rentas por evasión fiscal, la quimérica morosidad de cuotas o incremento de cotizaciones abatiendo la informalidad o por una super ganancia en el Canal, ¿deberíamos como país, encauzar esos recursos para que ejecutivos, médicos, capataces, maestras, profesores de economía o sindicalistas, vivan con una pensión que no pagan? O, ¿debemos, como sociedad, a empujar hacia arriba a los miles de compatriotas que aún ni siquiera saben lo que es la Seguridad Social?

Aquí es donde coinciden la buena economía con los fundamentos morales. Que cada palo aguante su vela.

El autor es ciudadano


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