Cuando en 1879 Francia enfrentó el reto de construir un canal interoceánico en Panamá, se vio obligada a suplir la escasez de mano de obra local con obreros provenientes de otros países, especialmente de las Antillas francesas.
En 1884, la fuerza laboral llegó a superar las 19,000 personas. Lamentablemente, muchos murieron a causa de enfermedades y fueron enterrados en lo que hoy se conoce como el cementerio francés. Un estimado realizado en 1949 cifró el número de cruces en 900, presumiblemente de trabajadores no franceses o antillanos, mientras que las lápidas correspondían a ciudadanos franceses.

Entre estas últimas destaca un monumento cercado que alberga los restos de dos ingenieros de puentes y calzadas fallecidos en Paraíso, en 1885 y 1889, respectivamente: Ponzols Marcelin Etienne y Vignol Clémant Philippe. Tras enfrentar dificultades insalvables —ingenieriles, económicas y sanitarias—, en 1889 el gobierno francés suspendió las obras.
De carácter más reciente, en el cementerio también se observa un monolito dedicado a los trabajadores antillanos que participaron en la construcción del Canal de Panamá y a la memoria de quienes murieron durante esos esfuerzos. Lo rodea un muro con placas en honor a estos trabajadores. Destaca una en particular: recuerda a 152 ciudadanos de Martinica que viajaron a Panamá siguiendo las huellas de sus ancestros y murieron en un accidente aéreo el 16 de agosto de 2005, cuando el avión que los transportaba de regreso se estrelló.
Recientemente, la Embajada de Francia y el corregimiento de Ancón han dado pasos para preservar este legado histórico, iniciando un proceso de desmonte y pintura que se espera mantener y mejorar con el tiempo. La preocupación de que esto no ocurra está justificada: la historia documenta 136 años de periodos de olvido.
Una muestra de ello es una publicación del Panama American, del 24 de febrero de 1949, que narra el hallazgo de 900 tumbas por parte de prisioneros de la penitenciaría de Gamboa —conocidos como Gamboa Road Gang— durante labores de limpieza de carreteras. Las tumbas, dispuestas en hileras, presumiblemente pertenecían a los primeros obreros del Canal, según testimonios de viejos canaleros (old timers).
En aquel momento, las autoridades del Canal prometieron limpieza y mantenimiento regular del cementerio. Sin embargo, en 1953 la revista The Panama Canal Review volvió a reportar el ingreso de cuadrillas de mantenimiento de Gamboa para cortar hierba, remover piedras y pintar cruces, lápidas y la cerca que rodea las tumbas de los ingenieros franceses.
Décadas más tarde, un reportaje de Hitler Cigarruista (abril de 2024, Capital Financiero) lamentaba el abandono del cementerio francés, “languideciendo en el olvido, víctima de la desidia y del poco interés de las autoridades, cuando debería estar preservado y convertirse en un atractivo turístico para quienes desean conocer la historia de Panamá y su Canal interoceánico”.
Afortunadamente, ese llamado tuvo eco. El pasado 19 de septiembre, el corregimiento de Ancón y la Embajada de Francia realizaron un operativo conjunto de limpieza y pintura en el camposanto, con la colaboración de privados de libertad del Centro Penitenciario El Renacer —la antigua penitenciaría de Gamboa—, en un gesto que repite, de manera positiva, la historia.
Toca aplaudir esta iniciativa y confiar en que la historia de abandonos recurrentes no se repetirá. El Cementerio Francés merece un futuro distinto, como parte viva de la memoria histórica compartida entre Panamá y Francia.
El autor es biólogo.


