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El clientelismo también se supera debatiendo

Los clientelistas son esclavistas modernos que someten a los que tienen mayores necesidades a relaciones humillantes y viles. Son grandes promotores de pobreza y de desesperanza que intercambian favores por apoyo político. Te ofrecen alimentos por votos o dinero por firmas, pero tu barrio y tu comunidad siguen en el abandono. En Panamá, los políticos clientelistas, lastimosamente, tienen el poder.

Una vía para superar la corrupción es con ideas, discutiendo. Al clientelista le favorece que el pueblo no escuche lo suficiente, que no sepa que es posible cambiar. El clientelismo se inclina por la defensa del statu quo, por el “qué hay pa’ mí”.

He propuesto al Tribunal Electoral organizar debates entre los precandidatos de libre postulación, a la luz de su obligación de promover el voto informado y combatir la corrupción política desde la discusión política, habiendo ya seis precandidatos que han cumplido con el mínimo equivalente al 2% de los votos válidos emitidos en la última elección y faltando más de cuatro meses para concluir la búsqueda de firmas de apoyo.

El reto de someterse a un proceso electoral implica ante todo un gran respeto por aquellos a quienes se pretende representar. Esa decisión lleva a aceptar y promover el escrutinio público de la hoja de vida, trayectoria, ideas, propuestas y planes de quien busca el apoyo popular.

Quien no entienda eso así, será cualquier cosa menos un político moderno y democrático al servicio de su pueblo.

Recientemente, en la Universidad Tecnológica de Panamá, en un conversatorio, una estudiante me preguntó sobre la mediocridad y la ausencia de debates profundos que el país necesita entre la clase política panameña. Ese día le dije: “subamos la vara”, como dicen los jóvenes para explicar cómo son de exigentes con muchas de las cosas más importantes de su vida, como son con sus relaciones amorosas y con el trabajo que realizan.

No creo que las cosas deban ser como han sido. No seamos prisioneros del pasado. Se puede transitar desde la podredumbre clientelista a las discusiones de ideas, a la construcción de un país ejemplar. Los procesos electorales son las oportunidades de oro de las sociedades de revitalizar su compromiso con cuál es el país que queremos. ¿El país de la politiquería barata o el proyecto país de mejor vida para todos? ¿Candidatos transparentes o invisibles? ¿El menos malo o el preparado para las transformaciones profundas que necesitamos?

La salida fácil, es decir, la mayoría de los panameños vota pensando ‘qué hay pa’ mí'. Y que no se necesitan debates. ¡No es así! La historia y los resultados indican lo contrario, pero, hay que remangarse y salir a pelear —en este caso a debatir— por Panamá.

El autor es precandidato a presidente del país


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