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El cristianismo debe ser ‘verbo’ y no ‘sustantivo’

El cristianismo debe ser ‘verbo’ y no ‘sustantivo’
Semana Santa en la ciudad de Sevilla en España. EFE

Similar al título de este escrito reza la letra del cantautor guatemalteco Ricardo Arjona: “Jesús es verbo y no sustantivo”, refiriéndose al doble discurso de muchos que se autoproclaman “cristianos”.

Somos egoístas, prepotentes, infieles y para nada solidarios con nuestro prójimo durante casi todo el año, pero cuando llega Navidad y Semana Santa, entonces nos acordamos de que existió alguien que se llamó Jesús y que “dio su vida por salvar a la humanidad”.

Hay cristianos de todas las variantes. Están los que repiten las frases del Antiguo y Nuevo Testamento como si fueran “papagayos”, haciendo ver que se saben la vida de Jesús, pero de los “dientes para afuera”, pues en la vida real son cosas muy diferentes.

Están aquellos que rezan todos los días para pedir un favor a Dios como si fuera su “cajero automático”; sin embargo, no son capaces de aportar algún sacrificio, ya que dar algo es tan pesado que hasta les causa molestias. Dios bendice al “dador alegre”; los escucho a diario en el Metrobús para pedir o vender algo. Pero, ¿cuántos son realmente felices dando algo al prójimo y sintiendo empatía por el dolor ajeno?

La Semana Santa se ha convertido en ritual únicamente. Caminamos las procesiones, visitamos las siete iglesias, tocamos santos y vírgenes, pedimos por la salud nuestra o de algún familiar, pero en nuestra vida diaria se nos olvida el momento de oración.

Los viajes multitudinarios al interior para ver el “espectáculo” de la pasión de Cristo en vivo es asistir a una suerte de espectáculo más, pues nada se nos queda para practicar el resto del año.

Amamos el dinero y lo material como si fuéramos a vivir para siempre, sin meditar que estamos de paso en esta vida, no para acumular riqueza, sino para hacer el bien, como el propio Jesús lo predicaba.

Muchos políticos y miembros del gobierno van a las misas y procesiones para robar cámaras y que no los acusen de “ateos”, y para aparentar que cumplieron con el rito de asistencia en las ceremonias cristianas.

Muy lejos está el discurso del cristiano de lo que practica en su diario vivir. Damos limosna como una obligación o para no quedar mal ante el resto que nos mira en la misa. Sin embargo, no somos capaces de invitar a un habitante de calle a nuestra mesa o repartir comida ciertos días a la semana.

No somos cristianos por vocación; más bien, lo somos por tradición.

Tenemos figuras, Biblias y esculturas de Jesús en las casas como si fueran amuletos o “cuidadores” ante el peligro, pero no llevamos a Cristo en nuestro corazón. De lo contrario, tendríamos una sociedad más justa y menos corrupta.

En alguna parte pude leer un pensamiento del dirigente hindú Mahatma Gandhi, donde afirmaba: “Me gusta el Cristo de ustedes, pero no los cristianos, porque no se parecen en nada al que dicen venerar y creer”. Y solo con esta frase se retrata a la perfección lo que se vive en la Semana Santa: puro ritual y reglamento, pero nada de espiritualidad.

El autor es sociólogo.


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