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El despertar del dato: la IA y el mandato innegociable de la data educativa

La autocomplacencia es, quizás, la enfermedad más costosa en la que incurre una nación. En América Latina, y específicamente en Panamá, esta enfermedad se manifiesta en la lentitud para reconocer y actuar frente al colapso educativo que hoy nos asfixia. No estamos ante un simple estancamiento; estamos presenciando una regresión que hipoteca nuestro futuro.

Los resultados de evaluaciones recientes confirman una crisis social ineludible: la región muestra un rendimiento deficiente en matemáticas y una urgente necesidad de fortalecer habilidades básicas de lectura, mientras las brechas sistémicas en Panamá se profundizan.

Para revertir esta condena debemos pasar a la intervención prescriptiva inmediata. La inteligencia artificial (IA) no es una herramienta futurista: es el motor de la evidencia que exige el presente. La IA promete transformar la educación mediante analítica predictiva —que identifica el riesgo de deserción antes de que ocurra— y aprendizaje adaptativo —que crea rutas de conocimiento personalizadas para cada alumno—. Pero esta revolución solo podrá materializarse en Panamá a través de datos certificados.

La paradoja panameña es clara: contamos con infraestructura física destacada (puesto 48 a nivel global), pero operamos a ciegas en la producción de nuestro activo más valioso: el capital humano. La urgencia de actuar ya no es solo académica; también es laboral y social. Panamá enfrenta hoy una tasa de desocupación del 9.5% y una informalidad cercana al 49.3%, según cifras del INEC. Esta crisis se agravará con los cambios en la matriz productiva impulsados por la IA. Estudios advierten que la demanda de habilidades está cambiando un 66% más rápido en los roles más expuestos a esta tecnología.

Para que la IA sea una herramienta de progreso y no de mayor desigualdad, nuestra única defensa es la anticipación. Y eso exige un Sistema de Información de Educación Superior (SIES) que funcione como radar económico y motor de empleabilidad.

Sin embargo, con más de 37 instituciones de educación superior (IES) en operación, nuestro ecosistema sufre una fuerte fragmentación de datos, lo que genera reportes no válidos ni certificables. Esta incertidumbre tiene un costo estratégico: las empresas multinacionales (IED) basan sus decisiones de inversión en la certeza estadística sobre el talento disponible, y la falta de datos confiables en Panamá representa un riesgo inaceptable.

La solución debe ser frugal y sostenible. Dado el mandato de reducción del gasto estatal, no se requiere crear una nueva entidad, sino aprovechar el poder legal existente: el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC).

La Ley 10 de 2009 otorga al INEC la rectoría metodológica sobre todo el sistema estadístico nacional. El artículo 7 es clave: faculta al INEC para dictar metodologías y ordenar modificaciones en la recolección de datos, y estas solicitudes son de cumplimiento obligatorio. Esto significa que, con una pequeña unidad técnica dentro del INEC, es posible estandarizar la información universitaria bajo estándares internacionales (CINE 2011), logrando la funcionalidad de un SIES con un costo administrativo mínimo.

El camino es claro e institucional. Se necesita un decreto ejecutivo de prioridad que formalice la estadística de educación superior como prioritaria, activando el mandato coercitivo del INEC sobre universidades y organismos de acreditación. Luego, el INEC debe establecer un Catálogo Único de Indicadores de Educación Superior (CUIES) y llevar a las IES a adaptar sus sistemas para garantizar la interoperabilidad de la data. La Ley 10 asegura que los datos publicados por el INEC tienen carácter oficial, otorgándoles la validez que exigen los inversionistas internacionales.

Si Panamá, con un sólido marco legal estadístico, no ha logrado construir esta plataforma de datos, no es por falta de capacidad técnica ni de recursos fiscales: es por ausencia de un acuerdo social. La IA requiere, ante todo, un consenso que trascienda intereses políticos, institucionales o de gobierno.

El SIES, gestionado con disciplina fiscal por el INEC, es el vehículo para garantizar la certeza estadística que el mundo exige. Ese acuerdo social, anclado en la confianza en el dato, es la única póliza de seguro para la empleabilidad y el emprendimiento en la era de la inteligencia artificial.

Debemos concentrar esfuerzos en construir una sociedad que comprenda la importancia de la recolección de datos, y que crea en la institucionalidad y la transparencia que los sustentan. Solo así podremos utilizarlos para diseñar un futuro que, hoy, se nos escapa de las manos.

La autora es experta en E-learning y tecnología aplicada a la educación con base en el aprendizaje, así como en calidad en educación a través de modelos de acreditación y ranking universitarios.


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