Los $19 mil millones de deuda (y subiendo) del dúo Cortizo/Alexander, serán su gran legado económico, cuando de los $26 mil millones que había en 2019, la elevan a más de $45 mil millones. Un cuadro tenebroso producto de un manejo ineficiente.
Si Torrijos en su periodo la elevó en $1,600 millones, Martinelli en $6,800 millones y Varela en casi $9 mil millones, Nito los superó a los tres, juntos, con casi $20 mil (y será más). Pero hay un enorme perjuicio, aparte del enorme tamaño de una cifra absoluta, y es que la capacidad productiva de Panamá no sopesa el incremento de la deuda país, en virtud de la ineficiencia en el uso, ejecución y control de los recursos. Deuda que se traduce en el despilfarro clientelista, la falta de prioridades, el desequilibrio presupuestario y el aumento del déficit.
Ante la ineptitud en el manejo de la deuda, resaltan las excusas, cuando nos recuerdan todavía, cuatro años después, el adeudo recibido en 2019 saldado, por cierto, en más de $5 mil millones, y que en el pago de $1,800 millones (de aquella cantidad) a proveedores y contratistas, ahora la deuda de Cortizo supera los $1,900 millones en solo cuatro años (falta uno).
Y la cantaleta de la pandemia continúa, excusa perfecta para seguir errando en el proceder económico. El desplome de los ingresos corrientes del Estado se debió a una inusual paralización económica, si la comparamos con lo que hizo el resto del mundo. Y al no tener banca central, se recurrió al endeudamiento para compensar la caída de ingresos y así sostener la base social y económica del país.
Lo que no dice este dúo dinámico es que el exagerado despilfarro en medio de la covid-19 no solo continuó, sino que se elevó. Consultorías extrañas, nombramientos innecesarios, descentralización paralela, abultamiento en la planilla, crecimiento en los subsidios, etc., fueron algunas de las decisiones que, en nombre de la falaz “paz social”, transformaron la pandemia de sanitaria a económica. El descontrol del gasto público ha sido la tónica, en detrimento de la inversión social.
El déficit fiscal continuo y permanente, producido por un ilimitado incremento en los gastos, induce a más deuda que, al tener que cubrir las ineficiencias del Estado ante el mal manejo del dinero, convierte esta situación en una realidad insostenible. La característica de la dupla Cortizo/Alexander ha sido el abultamiento en la superación de gastos sobre ingresos, lo cual viene manteniendo anualmente el déficit fiscal. Peor, la deuda se sigue utilizando para pagar planilla, subsidios y gasto corriente. Si bien, luego de un déficit de $5,500 millones en 2020 este se ha reducido, los números siguen en rojo.
El desbalance en 2022 superó los $3 mil millones, que si bien equivalió a 3.9% del PIB, cumpliendo el 4% que exigió la ley de responsabilidad social fiscal, se logró a través de argucias o mañas deplorables, como lo fue diferir el pago de intereses y extender el año fiscal.
En la primera mitad de 2023 (enero a junio), el sector público no financiero incurrió en un déficit fiscal de $2,546.3 millones, con una caída de $636.3 millones o un 33.3% al registrado en los primeros seis meses de 2022, lo que equivale a un 3.11% del PIB proyectado para el conjunto del año. El aumento de los gastos totales ($8,329.5 millones) es superior a los ingresos totales ($5,783.3 millones).
Hay que tomar en cuenta también la relación entre deuda y PIB, para conocer qué tan endeudado está el país, con relación al tamaño de su economía, siendo mayor el nivel de endeudamiento relativo, mientras más alto es el indicador. Si bien al cierre de 2020 la deuda llegó a un 64.7% del PIB, un salto de 20 puntos porcentuales en relación al 2019, al cierre de 2022 estaba en 57.9%, muy por encima de los niveles anteriores al covid 19, debido al continuo aumento del saldo adeudado.
Lamentablemente, continúa ganando protagonismo: el gasto operativo; la ausencia de reformas para contenerlo como eliminar (o al menos detener) tanto las jubilaciones especiales como los aumentos automáticos; la incapacidad de elevar los ingresos, ya sea a través de reformas a la legislación o el desarrollo de inversiones públicas que generen réditos, y el deterioro del IVM, cuyas reservas desaparecen en 2024.
Tendremos que enfrentar un déficit de $1,200 millones, teniendo que reducir inversiones e incrementar deuda. ¿Se ha preocupado la dupla Cortizo/Alexander, reducir sustancialmente el gasto corriente para enfrentar el déficit del IVM? Por lo menos para el 2024, no incluyeron en el presupuesto un rubro para hacerlo. Y mientras tanto, el diálogo es solo un mito.
En paralelo, la dupla Cortizo/Alexander nos seguirá recordando por conveniencia en lo que les queda de su fracasada gestión económica, la deuda adquirida del gobierno anterior y los efectos de la pandemia, para acreditar su decepcionante dirección como protectores del erario y el fisco.
El autor es abogado
