En el ámbito de la psicología cognitiva, el efecto de primacía se refiere a la tendencia humana a recordar de manera más efectiva los primeros elementos de información que se presentan en un contexto determinado.
En nuestro país, la atención de la población y de algunos gobiernos se enfoca en los llamados “primeros 100 días de gobierno”. Usualmente, las nuevas autoridades electas anuncian en diferentes escenarios: “en los primeros 100 días se logrará esto o se hará aquello…”, etc.
En definitiva, existen muchas y altas expectativas sobre lo que hará el nuevo gobierno en los primeros meses de su gestión. Con el paso del tiempo, veremos cuánto influyó el efecto de primacía. La historia nos muestra que las propuestas y promesas para estos primeros 100 días son claves para la credibilidad del gobierno y la confianza del pueblo hacia la gestión gubernamental.
Ojalá que los primeros 100 días de gobierno no se caractericen por el tradicional despido de buenos servidores públicos. Estos deberían ser valorados y seguir aportando desde su experticia y experiencia. Los funcionarios que no tienen el perfil adecuado para un puesto, según la práctica estratégica de recursos humanos, deberían ser reubicados a posiciones acordes con su perfil. Los funcionarios que entran en la clasificación coloquial de “botellas”, esos sí deben salir del sistema, pues no cumplen con la denominación de servidores públicos, ya que se sirven a sí mismos.
Queremos que el efecto de primacía se mantenga en el tiempo, pues se espera un gobierno que, siendo electo por voluntad popular, responda a todos los ciudadanos con acciones coherentes frente a las situaciones que deben resolverse por el bien común. Los nombramientos en el órgano ejecutivo y sus equipos también deben responder al país, aunque ellos no hayan sido electos por votación.
Uno de los elementos claves a los que debe responder este nuevo gobierno es el tema de la corrupción (en todos los escenarios de ejecución del estado). Además, la percepción de impunidad debe cambiar. No se trata de perseguir a nadie, pero quien no sirvió al pueblo desde su puesto y trabajó para beneficio propio, debe ser investigado y sancionado si es culpable. Ojalá no haya “pactos” que permitan impunidad, como a veces se escuchan rumores. La justicia debe ser igual para todos.
El segundo punto clave, aunque hay muchos otros, es la educación en todos sus subsistemas. No podemos seguir atrasándonos en los procesos educativos, pues la educación, como sabemos, es la diferencia entre pueblos que crecen económicamente y aquellos que también desarrollan un desarrollo humano sostenible. No solo hablamos de las áreas de preescolar, básica general, media y premedia; también debemos mejorar el subsistema profesional y técnico, sin olvidar el nivel de educación superior, que también necesita atención.
Un tercer elemento clave es el rol de la Asamblea Nacional. Ellos también serán observados con detenimiento en los primeros 100 días en cuanto a los acuerdos y alianzas que hagan para mantener la llamada “gobernabilidad”. Y lo pongo entre comillas, pues las alianzas para la gobernabilidad deben responder a los electores que también dieron el voto de confianza. Esto aplica tanto para los que se reeligieron como para los que llegan por primera vez.
Todos los panameños y panameñas debemos estar vigilantes en los primeros 100 días y durante todo el periodo de gobierno, pues tenemos la responsabilidad de ser veedores de la gestión pública y exigir transparencia y rendición de cuentas, ya que el poder reside en el pueblo.
El autor es psicólogo laboral.