Para la RAE, la palabra ego significa un exceso de autoestima. Sin menoscabar la importancia de quererse a uno mismo, conviene tener mucho cuidado para evitar que tal exceso actúe en contra nuestra.
El recién concluido Mundial de Fútbol nos mostró ese riesgo en el caso de Cristiano Ronaldo, cuyo ego influyó negativamente tanto en él como en su equipo (Portugal). Luego de controversiales declaraciones y actitudes de su parte, Ronaldo, en pleno Mundial, se desvinculó del Manchester United de la Liga Premier Inglesa y no fue titular en los juegos de Portugal en el Mundial. En el juego por los cuartos de final, en donde Portugal perdió con Marruecos, Ronaldo entró de cambio. Ya en la cancha, fue evidente que es de los mejores jugadores a nivel mundial y que logra marcar diferencias en los partidos. Tanto fue así que el técnico de Portugal recibió una lluvia de críticas por no incluirlo siempre desde el inicio. También tenemos el caso de Mbappé, que según The Sporting News, antes de cumplir los 24 años a la firma del contrato con el PSG de Francia ya había exigido, entre otras cosas, que él debía aprobar las contrataciones de los jugadores y técnicos del equipo en que jugaría.
Por otro lado, en el ámbito científico, hay innumerables ejemplos de la influencia del ego. Aun Albert Einstein fue duramente criticado por otros científicos, por retar las ideas establecidas hasta ese momento. En ocasiones, cuando un científico expresa una opinión, su ego le impide aceptar evidencias que muestren que su opinión está equivocada. En casos de descubrimientos de relevancia, esto se constituye en un obstáculo para el avance de la ciencia y del conocimiento.
En todas las facetas de la vida cotidiana debemos lograr romper la barrera del ego excesivo, para aceptar nuestros errores y dar cabida a nuevas evidencias, que nos ayuden a utilizar información más certera para resolver las distintas situaciones. En el caso del fútbol, el ego afectó a Cristiano Ronaldo y los hechos indican que eso podría ocurrir con el joven Mbappé. El ego puede ser tan enemigo del fútbol como de la ciencia, y no hay que olvidar la necesidad de controlarlo en todos los aspectos de nuestras vidas.
El autor es biólogo, banquero e integrante de Ciencia en Panamá.

