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El entuerto de las finanzas públicas

Según el ministro del MEF designado a partir del 1 de julio, la deuda pública debe manejarse con prudencia y responsabilidad, y estas deben demostrar con hechos.

Una deuda que no es del gobierno, sino de todos los ciudadanos, porque el Estado somos todos. Pero, ¿cuáles serían esos hechos prudentes y responsables? Lo primero es hacer todo lo contrario a lo que hizo quien debió ser el garante de nuestras finanzas públicas, el ministro del MEF saliente, convertido estos cinco años es un farsante de los números. No se puede seguir solicitando y adquiriendo deuda para pagar déficit, planilla, subsidios, intereses, gasto corriente y todo lo que chorrea el despilfarro de fondos públicos. Por consiguiente, hay que lograr una consolidación fiscal, de manera que el presupuesto sea lo más equilibrado posible. No se pueden seguir aprobando presupuestos generales del Estado que nos lleven a multiplicar una deuda pública superior al crecimiento de la economía, porque la plata no alcanzará. Lo cual de manera sistemática incrementará los déficits y, a su vez, acrecentará este endeudamiento desmedido, como ha sucedido hasta ahora. Sin obras que demostrar, este gobierno nos endeudó en un 76.45%. De $28,000 millones en deuda que recibió, la ha elevado a más de $50,000 millones, algo nunca visto desde que somos república en 1903. Endeudarnos se convirtió en la fiesta del derroche, justificada por una pandemia que significó la excusa para malgastar, al punto que al día de hoy se le deben casi $2,000 millones a proveedores del Estado y unos $1,400 millones al Fondo de Ahorro de Panamá, entre otros perjuicios.

Un expresidente de la República, miembro del PRD, señaló que, desde el punto de vista de inversión social, nadie había hecho más que el gobierno de Cortizo. Y añadió que, poniendo las cosas sobre la mesa, diciendo la verdad y estableciendo los criterios reales, el PRD tenía muy buena posibilidad de repetir en la presidencia de la República, con el actual vicepresidente de candidato. Pero la razón es muy sencilla, y es que entre bribones se entienden y se defienden. Y hacían la banda perfecta: el pillo, el inepto, el farsante y ahora el indecoroso expresidente.

Pero regresando a los números, el nuevo ministro del MEF tendría que caminar entre la cautela y el extremo. Porque si bien la primera es necesaria, hay temas que no se pueden desechar y no pueden esperar mucho. Uno de ellos son los imparables aumentos automáticos. Sobre todo, cuando se realizan sin ningún tipo de control o evaluación.

Hay que eliminar la nueva figura inventada para minimizar el daño que les hizo a los indeseables, la eliminación de los dobles salarios lograda por un fallo de la Corte Suprema de Justicia. Esta nueva figura es la opción de escoger el “mejor salario”, la cual le permite al representante y alcalde electo tomar el salario que no trabajará (que por supuesto será el más alto en detrimento de los fondos públicos). También se deben eliminar de inmediato las dietas de los servidores públicos. Para esto no hay que esperar más tiempo.

Los subsidios tienen que ser disminuidos, porque su utilización continua y descontrolada son el ejemplo palpable de un fracaso económico. No se trata de eliminarlos todos de raíz, pero ponerles una fecha límite, como también demostrar su eficiencia, ejercicio éste último, que no se ha efectuado. Asimismo, hay que revisar una cantidad indescifrable de incentivos fiscales que, probablemente, hayan cumplido su labor al momento de hacerse aquellas inversiones. Todavía peor, hay casos, por ejemplo, en los que proyectos inmobiliarios se han calificado como “turísticos”, recibiendo incentivos inmerecidos.

Ni hablar la excesiva planilla. No solamente de quienes cobran sin trabajar, popularmente calificados como “botellas”. Sino también de aquellos cuyas funciones ya no generan ningún beneficio al Estado, porque están obsoletas y su permanencia implica robustecer la innecesaria y perjudicial burocracia. Lo que hay que hacer es crear las condiciones para que las micro, pequeñas y medianas empresas, puedan desarrollarse, al punto que generen la capacidad de pagar impuestos y seguro social, con la obtención de préstamos blandos que les permitan crecer y fortalecerse en el tiempo. La productividad del país, está en las condiciones que cree el Estado para facilitar la inversión (confianza, transparencia, rendición de cuentas, etc.), y no en aumentar la desgastante planilla pública.

El ministro del MEF designado no ha entrado en detalles ni especificado cuáles son las medidas concretas que se deben tomar (el “cómo”). Y la razón es que, una vez en el puesto, debe abrir la gaveta para, de acuerdo a lo que encuentre, actuar. Y tiene sentido. Aceptó que desechará el “olfatómetro”, descartará la intuición y eliminará la improvisación. Para de esta manera recuperar la consolidación fiscal, el equilibrio presupuestario y el grado inversión. Ojalá lo logre por el bien de todos, con nuestro apoyo desde el poder ciudadano.

El autor es abogado.



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