No pasará ahora y tampoco en 5 años, pero inexorablemente el partido nacional con militantes a ultranza perderá fuerza y a diferencia del Fénix, no resurgirá de las cenizas.
La escena política de nuestro país se encuentra llena de agitación. El Partido Revolucionario Democrático (PRD) se encuentra al principio del fin, no de su existencia, pero sí de su longeva fuerza. Este colectivo ha perdido el rumbo debido a sus prácticas éticas cuestionables y su desconexión con las necesidades y valores sociales del mundo actual. Le será aún posible ganar aliados haciendo favores o en un área geográfica específica, particularmente las signadas por la pobreza, pero es una práctica insostenible en un país como Panamá que sí cuenta con recursos, aunque nos los arrancan de las manos.
El declive de este partido ha venido acompañado con el surgimiento de una nueva generación de líderes políticos que están desafiando las normas establecidas y abogando por una política más transparente y ética.
En el corazón de esta transformación se encuentra un grupo de jóvenes que han demostrado que sí es posible romper con las prácticas corruptas que algunos se han esforzado a sangre y fuego en hacernos tragar. Considero que el enfoque íntegro de esta nueva generación de políticos independientes no solo responde a la situación coyuntural de nuestro país, sino al contexto mundial en el que estamos inmersos porque es sabido que los jóvenes de hoy se caracterizan por tener un compromiso social, innovación y espíritu colaborativo más acentuado que sus predecesores.
El reclamo de este grupo para afrontar la honda crisis en la que nos encontramos ha resonado en una amplia gama de sectores sociales muy difíciles de alcanzar. En este grupo de personas afines en sus principios, aunque con intereses distintos, se suman empresarios, políticos, campesinos, gremios y pueblos originarios, que frente a pocas excepciones históricamente han pretendido ser marginados de la política tradicional.
A medida que esta nueva generación de líderes gana terreno, el PRD enfrenta una crisis fatal. Atrapado en un ciclo autodestructivo, el partido ha perdido el apoyo de sus partidarios de toda la vida y se encuentra desconectado del resto de los ciudadanos.
El declive del PRD y el surgimiento de una nueva política más ética y transparente son signos alentadores de que el cambio es posible en nuestro sistema. La nueva generación de líderes nos recuerda que la integridad y la honestidad son fundamentales para la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Es hora de dejar atrás las prácticas del pasado y abrazar un futuro en el que la política no saque partido de la ciudadanía, sino que esta sirva al país.
La autora es financista.
