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El futuro de ESG: de los discursos a la arquitectura del negocio

En el artículo anterior compartí algunas ideas de cómo el ESG (criterios ambientales, sociales y de gobernanza por sus siglas en inglés) está madurando. En esta entrega la pregunta es ¿cómo será esta nueva etapa?.

Durante los últimos años, muchas compañías asumieron la sostenibilidad como un complemento narrativo y reputacional de su negocio: un discurso inspirador, un conjunto de compromisos públicos, una herramienta para ganar reputación. Pero esa etapa ya no es suficiente. Hoy las organizaciones más avanzadas están integrando ESG en el núcleo operativo, allí donde se toman las decisiones sobre inversión, talento, innovación y gestión de riesgos.

Lo cierto es que la cenicienta de ESG, la “G” que durante todos estos años ha sido una conversación micro segmentada en pequeñas audiencias especializadas, ha cobrado mayor relevancia. La gobernanza se ha convertido en el gran motor que permite que lo ambiental y lo social funcionen desde una perspectiva de creación de triple valor, gestión de riesgos e integración al modelo financiero y de negocio.

El informe Ipsos ESGCouncil 2025 destaca que sin estructuras sólidas de gobierno corporativo, cualquier compromiso ambiental o social se vuelve frágil, inconsistente o puramente cosmético. Esto implica repensar la composición de los consejos directivos, el rol de los comités de sostenibilidad, los incentivos para la alta dirección y los mecanismos de rendición de cuentas. Supone dejar de ver ESG como una responsabilidad de un área específica y asumirlo como un eje transversal que involucra a toda la organización.

Otro factor decisivo es el riesgo político, la polarización ideológica en torno a estos temas y su impacto en la gestión estratégica. Frente a este escenario, es útil adoptar un enfoque pragmático que permita alinear las estrategias ESG con el propósito central del negocio y ajustar el tono comunicacional sin abandonar las acciones de fondo.

Para que ESG sea sostenible en el tiempo es necesario demostrar su retorno económico. La integración de métricas ESG a la toma de decisiones financieras, la combinación de indicadores cuantitativos y cualitativos, el uso de marcos internacionales reconocidos como GRI, SASB o TCFD, la comunicación clara de su valor para el negocio tanto interna como externamente y una visión de largo plazo, están marcando la pauta a nivel global.

La tecnología también jugará un rol acelerador. Aunque solo el 26% de los líderes entrevistados por Ipsos ha incorporado inteligencia artificial a sus estrategias ESG, se espera que esta tendencia se expanda rápidamente. Herramientas de analítica avanzada permitirán recopilar y procesar datos en tiempo real, automatizar reportes y liberar recursos para ejecutar acciones transformadoras en lugar de destinarlos únicamente a medir y reportar.

El futuro no pertenece a quienes tengan los discursos más inspiradores, sino a quienes cuenten con una arquitectura estratégica más sólida. Se trata de competitividad no de un concurso de popularidad y relaciones públicas. ESG ha dejado de ser una moda: hoy es un pilar fundamental de la competitividad empresarial, resiliencia y confianza.

Gustavo Manrique Salas. Fundador de Semiotik. Experto en reputación corporativa, comunicación estratégica y manejo de crisis


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