Me considero un optimista realista de Panamá. Reconozco el enorme potencial que tiene nuestro país, pero también las dificultades que enfrentamos. El primer paso para vencer estos obstáculos es atreverse a soñar y apuntar alto.
Panamá debe aspirar a ser el mejor país de América Latina. Hoy no lo somos, pero tenemos todo el potencial para serlo. Aunque es imposible ser el mejor en todo, debemos destacarnos en los aspectos necesarios para que Panamá sea un éxito en la región y en el mundo. Los problemas que nos impiden avanzar son los mismos que afectan a otros países de la región: mala calidad de la educación, improvisación en las políticas públicas, corrupción, mala gobernanza y economías anticuadas y poco innovadoras. Si logramos resolver estos problemas, seremos un ícono en la región y uno de los mejores países del mundo.
Pero ser el mejor país no significa simplemente estar de primero en los rankings internacionales. Es convertirse en el mejor país para vivir, tanto para panameños como para extranjeros. Un lugar en el cual, independientemente de dónde, cuándo y cómo naciste, las oportunidades abunden. Y todos disfrutemos de una alta calidad de vida y servicios públicos de excelencia. Para lograr esto, tres factores son esenciales: la transformación de la clase política, establecer la imparcialidad como valor fundamental del país, e innovar en nuestra economía.
Para transformar la clase política, necesitamos que los mejores panameños y panameñas den un paso hacia adelante y sirvan al país de manera honesta, altruista y dedicada. Muchos buenos hombres y mujeres panameños no se involucran en la política; la critican, pero hacen poco al respecto para cambiarla. Si la gente talentosa y honesta decide apartarse y vivir una vida cómoda y tranquila, le dejan la política a criminales que destruyen nuestro país. Necesitamos gente íntegra y capaz en la política.
La parcialidad es aliada de la corrupción, el favoritismo, el amiguismo y el nepotismo. Históricamente, Panamá ha sido el país de los primos, donde tu apellido, la escuela donde estudiaste, el barrio donde creciste, el partido político en el que estás y otros elementos similares dictan tu futuro. Todos los grandes escándalos de corrupción se deben a que los funcionarios actuaron de manera parcializada, beneficiando a unos sobre otros por conveniencia y su propio interés. Por ejemplo, en el caso de los auxilios y becas del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos, fue evidente la parcialidad hacia políticos y allegados de un partido político. También la parcialidad es clara en grandes contrataciones públicas corruptas como Odebrecht, donde se benefició a un contratista sobre otro por donaciones de campaña política. Esta parcialidad debe eliminarse en toda la estructura gubernamental, desde los nombramientos de los funcionarios públicos hasta las contrataciones millonarias. La transformación de nuestra carrera administrativa es fundamental para la supervivencia de este país y la calidad de servicios públicos que se les ofrece a las personas.
Es de suma importancia innovar en nuestra economía. La historia de Panamá ha sido la de apertura al mundo, lo que nos ha diferenciado de otros países de la región. El Canal de Panamá, la Zona Libre de Impuestos, el Hub de Aeropuertos y el régimen de sociedades anónimas son solo algunos ejemplos de la importancia del mundo para Panamá. Por algo nuestro escudo dice Pro Mundi Beneficio. Sin embargo, el mundo ha cambiado, y algunos de los sectores económicos tradicionales que han sido fundamentales para la economía del país se han estancado. Es indispensable diversificar nuestra economía, especialmente para desarrollar una economía del conocimiento, donde no solo movamos contenedores sino donde también surjan las mejores ideas y proyectos. Para ello, es fundamental invertir en ciencia, tecnología e innovación, fortalecer nuestra calidad de educación y revisar las normas migratorias. El potencial turístico de este país es envidiable y tampoco se ha explotado adecuadamente; se requiere una estrategia coordinada y a largo plazo. Además, Panamá pierde miles de millones de dólares anualmente por evasión fiscal. Antes de incrementar cualquier impuesto o adquirir más deuda, se deben hacer todos los esfuerzos necesarios para captar estos fondos.
Con mejores políticos, funcionarios públicos y una economía innovadora y vibrante, lograremos ser el mejor país de la región. El mejor país para vivir, trabajar, vacacionar, emprender, jubilarse y disfrutar. Mucho quedó pendiente en estos cinco años. En la Asamblea Nacional reposan más de 60 anteproyectos de ley que presenté, los cuales buscan construir ese Panamá número uno. Ojalá los próximos diputados se animen a tomar estas ideas. También quedará para la historia, en las actas de la Asamblea, la oposición a la corrupción y la integridad en el actuar, demostrando que se puede hacer buena política. Confío en que los resultados del 5 de mayo de 2024 fueron un paso correcto en la dirección de transformar la clase política del país, y de ahí mucho se desprende. Sin embargo, ahora más que nunca, hay que trabajar duro por Panamá y cuidar esa confianza ciudadana. Me siento optimista por Panamá.
El autor es diputado independiente.
