¿Cuál fue el verdadero propósito del ataque del 7 de octubre de Hamás contra Israel? Al masacrar a mil 200 israelíes y de otras nacionalidades, primeramente, era instaurar el terror. Nadie, ni ellos mismos, dudan que si hubieran podido asesinar a tres mil, cinco mil o diez mil más lo hubieran hecho. Sus líderes, como Mohamed al Deif o Ibrahim Al-Sinwar, han manifestado hasta la saciedad que si pudieran replicar tres, cinco o diez veces más la incursion, no dudarían en hacerlo.
Al haber logrado Israel los acuerdos llamados de Abraham, iniciado relaciones diplomáticas con ciertos países árabes del Golfo y ante la inminente apertura entre Arabia Saudita y el Estado judío, los palestinos temían quedarse al margen. De allí que Hamás emprendiera un ataque bárbaro, salvaje, indiscriminado y letal contra los pueblos y Kibbutzim (granjas agrícolas) que bordeaban Gaza. El secuestro de 240 rehenes asegurarían una futura negociación, disuasión o el intercambio de prisioneros.
Hamás intuía que esta masacre indiscriminada provocaría un feroz ataque israelí. Pero eso mismo es lo que se proponían. Sus líderes razonan que, si se necesitaron que seis millones de judíos fueran asesinados en el Holocausto para que el mundo “civilizado” apoyara la creación de un Estado judío, ¿qué representa la muerte de 10, 20 o 50 mil palestinos para lograr el apoyo internacional en la eliminación de Israel y, en su lugar, la creación de su Estado? Es por esto que utilizan a sus civiles como escudos humanos, para acrecentar sus muertes.
Siempre he sospechado que bajo el barniz de un mundo que se considera tolerante y civilizado, existe una subcorriente de antisemitismo virulento que nunca ha desaparecido y solo necesita una excusa para resurgir y manifestarse.
Así vemos las multitudinarias manifestaciones contra un Estado que el 7 de octubre fue salvajemente atacado y, dicho sea de paso, se convierte en el mayor asesinato de judíos desde el Holocausto. Como escribe Dora Horn en su libro La gente ama a los judíos muertos, mientras viven, se les ataca, discrimina y se le da la espalda. Pero cuando mueren, sea la causa que sea, se les honra y los países se desviven en crearles homenajes y monumentos.
Es fácil para las personas, algunas de buena voluntad, preguntarse el por qué no se llega a un acuerdo político. Pero, ¿cómo buscar un entendimiento con gente que preconiza “desde el río al mar” (el Jordan hasta el Mediterraneo) que Israel y sus judíos deben ser exterminados?
Aun así, Israel lo ha intentado muchas veces desde 1948. La gente incrédula no entiende que la ideología de organizaciones como Hamas es absolutista en su fanatismo contra el mundo occidental, al que perciben como corrupto y decadente.
Hay algunas guerras que terminan con un arreglo político; con Hamás es casi imposible. Más de 10 mil cohetes hasta la fecha han sido lanzados contra el Estado judío. Creo que el final del conflicto se dará en el campo de batalla. La ironía es que cuando Teodoro Hertzl, el fundador del sionismo moderno, escribiera el libro El Estado judío, pensara que este ahogaría el antisemitismo generacional, porque los judíos, como tantas otras naciones, tendrían su Estado.
Toda vida humana es preciosa, sean judíos o palestinos. El Talmud preconiza que el que salva una vida, es como salvar el mundo. Lástima que los enemigos de Israel no se adhieran a este principio.
El autor es licenciado en relaciones internacionales
