El Índice de Pobreza Multidimensional, la agenda 2030 y los ODS

Como país que aboga por la erradicación de la pobreza a través de la implementación de la Agenda 2030 y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), es natural vincularlos con el uso del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) para medir el progreso en su ejecución. El IPM es una poderosa y flexible herramienta para dar seguimiento e identificar oportunamente si estamos rezagados; si debemos hacer algunos ajustes o acelerar el ritmo en la implementación de las políticas públicas.

Los considero vinculados. Los ODS son nuestros objetivos, mientras que el IPM es un mapeo de 360° que identifica las privaciones de los pobres y su intensidad. Se trata de una hoja de ruta de prioridades que deben considerarse según su impacto en la calidad de vida de las personas.

Es importante relacionar ambos instrumentos para poder comparar objetivos y medidas implementadas en cuanto a salud, a educación y a condiciones de vida.

Es una herramienta para la creación de políticas públicas; medir el desempeño en su implementación y una guía para ajustar las estrategias, de ser necesario. Debería ayudar a alcanzar metas a mediano y largo plazo de los ODS. Con un uso eficaz de los recursos, es factible lograr victorias tempranas y mejores resultados cuando se ataca la pobreza multidimensional utilizando indicadores claros, con un seguimiento continuo y sistematizado.

La propuesta es trascender en su uso cómo un instrumento de medición utilizado por los hacedores de políticas públicas, popularizando y promoviendo su utilidad como herramienta indispensable para evaluar las condiciones reales, los desafíos y los pendientes, considerando los indicadores de los ODS.

Se deben implementar medidas coherentes para determinar si se ha avanzado en la implementación de los ODS o si estamos frente a una situación que neutraliza los esfuerzos previos al impacto de la Covid-19. Es factible, con herramientas como el IPM y de haber una adecuada asignación de recursos humanos y materiales, superar las consecuencias de la Covid-19 con rapidez y con una mejor relación costo-beneficio en términos de calidad de vida de los pobres.

Si el IPM se convirtiera en una herramienta de uso común, podría enseñarse en escuelas y universidades; y ser utilizado por los medios de comunicación y por la academia como referente de dónde estamos y a dónde queremos llegar. El IPM debe superar ser un instrumento utilizado principalmente por especialistas. Los proyectos sociales, las Oenegés y los emprendedores sociales deben considerarlo como el primer paso para diseñar e impulsar planes y programas con el fin de implementar la Agenda 2030. El IPM y la medición del impacto de la Covid-19 en las variables que lo componen, deberían ayudar a la toma de decisiones y a la implementación de respuestas rápidas para responder a las necesidades de los más vulnerables.

Cuando priorizamos el uso del IPM y evitamos clasificar a los pobres según sus ingresos y, por otro lado, reflexionamos sobre cómo viven, y si tienen acceso a servicios de salud adecuados y oportunidades educativas, aprovechamos un instrumento que tiene en cuenta la calidad de vida que las personas merecen tener.

Los promedios son engañosos. El IPM está mucho más enfocado: produce información clara sobre lo que debe abordarse y cómo hacerlo. Ayuda a evitar errores derivados de los promedios. El uso de promedios puede tender a obviar porcentajes importantes de pobres y tratarlos inadvertidamente como prescindibles.

Es absolutamente inaceptable. Incluso podría ser inmoral.

Es factible entrelazar y conectar el IPM con los ODS. Al hacerlo, se fomenta un cambio en el lenguaje tradicional de clasificar a la población según sus ingresos. Puede ser un punto de inflexión en la sociedad sobre cómo vemos a los pobres y cómo asumimos la responsabilidad de contribuir a disminuir la pobreza multidimensional.

En 2021, en el Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC), una iniciativa coorganizada por el Canal de Panamá y Jóvenes Unidos por la Educación, los proyectos diseñados e implementados por los participantes utilizaron los ODS como eje transversal. El IPM es un instrumento de medición casi natural para dar seguimiento a hallazgos y desarrollos prometedores. Más de 180 jóvenes entre 15 y 24 años diseñaron proyectos con el potencial de vincular a los ODS con el IPM. Promover el uso del IPM entre los jóvenes es la mejor manera de asegurar su sostenibilidad.

La autora es presidenta de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social


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