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El Istmo de la integración: del sueño anfictiónico al consenso democrático global

El Istmo de la integración: del sueño anfictiónico al consenso democrático global
Retrato de Simón Bolívar, ubicado en el salón Bolívar de la Cancillería. LP/Elysée Fernández

En 1826, bajo la visión integradora de Simón Bolívar, el Congreso Anfictiónico de Panamá se constituyó como el punto de partida del multilateralismo en América. El Libertador había soñado con este destino para nuestra tierra desde su exilio, cuando en la Carta de Jamaica de 1815 proclamó: “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”. Aquella histórica asamblea buscaba la cimentación de un orden basado en el respeto por la soberanía, la igualdad jurídica y la cooperación internacional para alcanzar fines comunes.

Doscientos años después, es precisamente este invaluable capital histórico el que hoy ponemos al servicio de la humanidad al ejercer la presidencia pro témpore de la Comunidad de Democracias en este simbólico año 2026. Esta vital coalición intergubernamental, que en este encuentro reunió a delegaciones de Estados miembros y observadores, fundamenta su accionar en la Declaración de Varsovia, un histórico documento adoptado en el año 2000 que establece 19 principios inquebrantables para la consolidación democrática global.

Al promover activamente elecciones periódicas y libres, la protección igual ante la ley, la libertad de expresión y el respeto absoluto a la voluntad del pueblo como base de la autoridad de gobierno, la Comunidad de Democracias funciona como la brújula moderna indispensable para las sociedades libres.

A la luz de estos principios internacionales, los valores que Bolívar soñó hace dos siglos se trasladan a nuestro presente y ganan una urgencia absoluta. Al alcanzar el umbral del Bicentenario de aquel primer Congreso Americano, la región y el mundo enfrentan los embates del autoritarismo y una erosión constante de la gobernabilidad y las libertades. Ante este escenario, las sesiones plenarias de la XI Conferencia Ministerial de la Comunidad de las Democracias que celebramos en Panamá abordaron debates impostergables: la necesidad de cerrar la brecha entre las instituciones y los ciudadanos para lograr una democracia que dé resultados reales, así como la urgencia de articular una respuesta multilateral ante la presión que ejercen los retos de seguridad y migración.

Este diálogo se ha consolidado en la adopción de una Declaración Ministerial que renueva y guía nuestra acción conjunta.

Doscientos años atrás, el Libertador anhelaba una América cimentada en un sistema republicano, en la separación de poderes y en el respeto irrestricto a la libertad. Hoy, la Comunidad de Democracias materializa e impulsa ese ideal bolivariano al fomentar la resiliencia de las instituciones, responder a las amenazas contra la democracia y brindar apoyo a la sociedad civil y a quienes trabajan pacíficamente en todos los países por un desarrollo democrático.

Como he sostenido invariablemente, la esencia de este andamiaje institucional y diplomático descansa sobre una verdad incuestionable: la soberanía popular es la base ineludible de la soberanía de los Estados.

Ningún país puede arrogarse verdadera legitimidad si silencia o usurpa la voluntad de sus ciudadanos. En este sentido, el multilateralismo que germinó en Panamá hace 200 años y que hoy fortalecemos liderando la Comunidad de Democracias no es un mero formalismo histórico, sino un sistema vital que otorga voz a las naciones más pequeñas o con menos recursos, evitando así la peligrosa alternativa del unilateralismo, que no es otra cosa que el predominio descarnado del más fuerte y la anulación e invisibilización de los Estados menos poderosos.

El sueño de unidad bolivariano que inició en nuestro Istmo no es una página cerrada en los libros de historia, sino un mandato vivo. Al conmemorar el Congreso Anfictiónico desde la presidencia pro témpore de la Comunidad de Democracias, seguimos proyectándonos como el epicentro del diálogo y un puente para el entendimiento global, convencidos de que el consenso multilateral en igualdad de condiciones sigue siendo nuestra única garantía para construir un futuro de dignidad, justicia y verdadera libertad.

El autor es viceministro de Asuntos Multilaterales y Cooperación de la República de Panamá


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