El destino de Cuba se reduce a un frío juego de mesa sobre la alfombra geopolítica. La física del poder real es elemental.
Sobre el tablero solo operan dos fuerzas: la Ficha Florida, bloque monolítico al que le sobra plata, músculo y urgencia electoral ante las cruciales urnas de noviembre (elecciones intermedias) en Estados Unidos, y la Ficha Raulito, la cúpula militar de GAESA que administra una quiebra absoluta. Dependiendo de cómo choquen o se acoplen estas piezas, la partida tomará uno de tres rumbos: un ensamblaje de repliegue corporativo, el desmoronamiento caótico de una torre destruida o la agónica prórroga de un respirador artificial.
Antes de moverlas, quedan fuera del tablero tres bolsas selladas que son pura ficción mediática sin conectores reales: la Ficha México/Brasil (mediación latina sin dólares líquidos), la Ficha ONU (inercia burocrática de resoluciones inútiles) y la Ficha Venezuela (aliado colapsado con sus capitales en fuga). Ninguna de ellas enciende una sola termoeléctrica.
Para entender el pedigrí de las dos fuerzas actuantes, hay que mirar a sus directores de orquesta: el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, y el general de brigada Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias “Raulito”.
Rubio encarna la Ficha Florida. Detrás de él ruge una diáspora en Miami cuyo capital acumulado en bancos y propiedades supera los 50 mil millones de dólares, según firmas como Havana Consulting Group; un músculo que cuadruplica el Producto Interno Bruto real de la isla, que, según la CEPAL, sufre la peor contracción del continente, hundiéndose en 6.5%. Rubio necesita el trofeo de La Habana para asegurar noviembre y demostrar que su estrategia de asfixia petrolera funciona.
Frente a él está “Raulito”, general millennial de 42 años. Su pedigrí es dinástico: es nieto de Raúl Castro y exjefe de su seguridad. Es un pragmático que maneja GAESA desde una tableta y padece el colapso material: la oposición interna confirma que en los cuarteles los capitanes ya no reciben suficiente comida ni tienen zapatos que ponerse.
Sabiendo que Rusia está exhausta, Moscú para Raulito es solo inspiración: el espejo de 1989, cuando los oficiales de la KGB se quitaron el uniforme, privatizaron los monopolios estatales a su nombre y mutaron en la actual oligarquía multimillonaria rusa, colocando en el poder a Putin, hoy reconvertido en referencia de la ultraderecha global.
La interacción de ambas fuerzas se rige por la mecánica del garrote y la zanahoria. El garrote es la asfixia energética y la amenaza de imputación judicial a Raúl Castro por el derribo de avionetas de anticastristas en 1996. La zanahoria es un fondo de 100 millones de dólares en asistencia humanitaria, condicionado a que la distribución eluda al aparato estatal y se abra el sistema al pluripartidismo.
El destino del juego se decide en tres escenarios:
El Escenario 1 (El Acople Perfecto) ocurre si el garrote obliga a Raulito a encajar por supervivencia. El general cede el poder político formal (legaliza partidos y convoca elecciones) a cambio de la zanahoria: Washington suspende capturas y garantiza sus propiedades. Los militares ejecutan la reconversión rusa de 1989: privatizan hoteles y puertos a su nombre y se vuelven magnates asociados al capital de Miami. Cuba recupera la luz, pero los antiguos opresores terminan dueños de los negocios.
El Escenario 2 (El Colapso por Fricción) es la colisión violenta. Si Raulito rechaza las condiciones, Washington congela los activos globales de GAESA. El régimen explota: la base militar hambrienta y descalza fractura la cadena de mando y se niega a reprimir. La estructura se desploma, desatando un éxodo masivo en el estrecho de la Florida que paraliza a la Casa Blanca por su costo político antes de noviembre.
El Escenario 3 (El Ajuste Flojo) es la política del respirador artificial. Temerosas del choque o de ceder el monopolio, las fichas se conectan por los bordes para ganar tiempo. Washington afloja el torniquete permitiendo dólares de mipymes y asistencia humanitaria —lo que explicaría la reciente flexibilización de restricciones a la venta de combustible—. El régimen acepta el oxígeno para evitar la insurrección y la Casa Blanca contiene el éxodo migratorio.
¿Cuál prevalecerá?
La física de la alfombra dice que el Ajuste Flojo actúa en el presente, pero caduca en noviembre. Disipada la urgencia electoral, la gravedad empujará el tablero hacia el Acople Perfecto. A diferencia de la vieja guardia, el general millennial de 42 años no tiene vocación de mártir; tiene una larga expectativa de vida y prefiere el traje Armani del oligarca ruso antes que el uniforme descalzo del colapso.
El autor es periodista y filólogo.

