Hace ya más de dos meses, en agosto de 2024, inicié el trámite para poder hacer el pago del seguro voluntario en la Caja del Seguro Social (CSS). Soy ciudadana panameña y he contribuido con las cuotas del seguro social, pero desde 2016 no he podido cotizar. Este año decidí retomar el trámite por segunda vez, y a continuación les relato mi experiencia.
Cuando uno va a solicitar el pago del seguro voluntario, el primer paso es acudir a las oficinas de la CSS en Clayton. Allí, una señorita muy gentil me asistió y me orientó sobre cómo proceder. Fue en ese momento cuando comenzó mi odisea.
Lo primero que hay que hacer es pagar $47 en la planta baja, luego subir al tercer piso para recibir un formulario que debes llenar. Una vez que lo llenas, necesitas una copia de tu cédula, así que nuevamente bajas y pagas por la copia. Después, subes otra vez y te entregan la orden para los exámenes médicos. Aquí viene la trampa: no puedes realizarte los exámenes en laboratorios privados ni en ninguna ULAPS; debes esperar a que la CSS tenga reactivos, lo cual es un reto en sí mismo, ya que tienes un plazo de 60 días para completar el trámite.
Salí con mi papelito y decidí ir a la CSS de Calle 17. Madrugué y llegué a las 5:30 am para solicitar las citas para los exámenes requeridos. Sin embargo, al llegar, la funcionaria que me atendió me informó que no había reactivos para dos de mis pruebas. Con un poco de desesperación, subí los siete pisos hasta el área de radiografía, solo para descubrir que tampoco tenían lo que necesitaba.
Desesperada, decidí tomar un taxi a la CSS de Betania. Allí, gracias a otra amable funcionaria, logré hacerme casi todos los exámenes, excepto los de N. Urea y A. Úrico, que nuevamente no estaban disponibles. Sin más opciones, tomé la iniciativa de ir a una clínica privada para realizar esos exámenes.
Feliz de haber conseguido los resultados, volví a la CSS al día siguiente. Pero allí, el trato que recibí fue deplorable. La funcionaria que me atendió me trató con desprecio, y tras llamar a su supervisora, me hicieron sentir como si estuviera cometiendo un delito al utilizar una clínica privada. Les expliqué la situación, pero solo recibí desdén. Finalmente, la supervisora mencionó que en la JJ Vallarino había reactivos.
Al día siguiente, me dirigí a esa sucursal y, por fin, logré completar todos mis exámenes. Entregué los resultados en la misma oficina donde había sido maltratada, pero esta vez llevé a un testigo. Afortunadamente, esta vez el trato fue más amable.
Una vez entregados los resultados, me dieron citas para ser evaluada por dos médicos en días diferentes. Las citas se dieron rápido, y al llegar a la primera, me tocó esperar como si fuera una cita médica regular. Pero aquí, conocí a dos profesionales que me trataron con respeto: el Dr. Rodríguez y el Dr. Coronado. Su seriedad y carisma fueron un alivio en medio de la tormenta burocrática.
Después de las entrevistas, la documentación debía enviarse de vuelta a la CSS de Clayton para su evaluación. Regresé dos días después para preguntar sobre el tiempo de respuesta y cuándo empezaría a cotizar, ya que se trataba solo de seguro voluntario sin atención médica. La funcionaria me informó que una “comitiva” debía evaluar los documentos y que eso tomaría de uno a dos meses.
Hoy, un mes y medio después, sigo esperando noticias. No he recibido ninguna llamada ni correo de la CSS de Clayton, a pesar de que todos mis resultados están dentro del rango normal.
Me pregunto: ¿por qué hay tantos obstáculos para que los ciudadanos panameños puedan cotizar voluntariamente? No entiendo por qué el proceso es tan complicado cuando, al ser contratado por una empresa, no se requiere pasar por un examen exhaustivo. Además, el trato recibido por parte del personal es a menudo grosero y despectivo. En lugar de ayudar, muchos funcionarios parecen disfrutar de la frustración ajena, olvidando que deben servir al público.
Panamá solía ser un país de gente amable y educada, pero parece que el sistema ha convertido a algunos en seres altaneros y envidiosos. Debemos recordar que quienes trabajamos para contribuir al Seguro Social estamos haciendo un esfuerzo por apoyar al país, y es hora de que se nos trate con el respeto que merecemos.
La autora es ciudadana panameña.