En las últimas semanas he leído mucho sobre el Canal de Panamá. Río Indio, el presupuesto, sus aportes al Estado, nuevos proyectos y la histórica llegada de la primera mujer a su administración han ocupado merecidamente nuestra atención. Sin embargo, mientras más leía y conversaba sobre el Canal, más pensaba que había otro activo del que quizás hablamos mucho menos: las aproximadamente 9,000 personas que todos los días lo hacen funcionar.
Para mí, el mayor activo del Canal es su gente.
Cuando pensamos en el Canal, imaginamos esclusas, lagos, remolcadores, enormes buques e infraestructura valorada en miles de millones de dólares. Pero el Canal es, finalmente, una empresa de servicios. Sus clientes esperan seguridad, confiabilidad y eficiencia. Su productividad depende de utilizar eficientemente sus recursos y de su capacidad para atender tránsitos, aunque la demanda por sus servicios esté también determinada por factores que Panamá no controla, como el comportamiento del comercio y de la industria marítima mundial.
Podemos invertir miles de millones en agua, infraestructura y tecnología, pero son las personas quienes ponen en movimiento todos esos recursos.
Mientras preparaba este artículo, conversé con personas que conocen el Canal desde adentro. Una frase me quedó particularmente grabada: “No hay mejor defensor del Canal que su propia gente”.
Creo que encierra una enorme verdad.
El Canal es uno de los lugares más atractivos para trabajar en Panamá. Ofrece estabilidad, seguro médico, beneficios, capacitación y posibilidades de crecimiento. Existe, además, un enorme orgullo entre quienes pueden decir: “Yo trabajo en el Canal”.
Cuando calculamos cuánto aporta el Canal a Panamá, solemos mirar las transferencias al Estado. Pero existe otro aporte mucho más difícil de contabilizar: miles de familias que han encontrado allí estabilidad, capacitación, oportunidades profesionales y posibilidades de movilidad social.
Ese aporte también merece ser reconocido.
Como toda organización de su tamaño, el Canal vive permanentemente un proceso de renovación de su fuerza laboral. Se ha estimado que durante los próximos cinco años requerirá incorporar entre 1,500 y 2,000 personas. La cifra puede parecer extraordinaria vista desde afuera, pero, en una organización de aproximadamente 9,000 colaboradores, forma parte de la dinámica normal de jubilaciones, movimientos internos y nuevas necesidades.
Más importante que cuántas personas entran o salen es cómo desarrollamos a quienes ya están dentro.
El Canal tiene una extraordinaria oportunidad de promover activamente las carreras internas: identificar talento, capacitarlo, preparar sucesores y permitir que un colaborador pueda asumir progresivamente mayores responsabilidades.
Una persona que ingresa al Canal y, mediante estudio, esfuerzo, capacitación y buen desempeño, logra construir una carrera no solamente transforma su vida profesional. Puede transformar también la realidad económica de su familia. El trabajo y la educación se convierten así en verdaderos instrumentos de movilidad social.
También debemos reconocer el enorme valor de la experiencia. Las personas mayores de 60 años podemos continuar siendo productivas y transmitir conocimientos acumulados durante décadas. Pero tenemos igualmente la responsabilidad de continuar aprendiendo y actualizándonos ante la tecnología, la inteligencia artificial y las nuevas maneras de trabajar.
El conocimiento debe transmitirse de una generación a otra, pero también renovarse.
Y cuando llega el momento de retirarse, pueden explorarse incentivos que faciliten una jubilación voluntaria, atractiva y digna, procurando que el conocimiento acumulado durante tantos años pueda transmitirse antes de la salida.
Cada nueva administración recibe problemas que resolver, pero también oportunidades para dejar su propia huella. Pienso que una de las grandes oportunidades de esta nueva etapa está precisamente en fortalecer todavía más la relación del Canal con su gente.
Reconocer que existen oportunidades de mejora no significa desconocer que el Canal es uno de los mejores lugares para trabajar en Panamá. Por el contrario, las mejores organizaciones son precisamente aquellas capaces de escuchar, medirse y mejorar permanentemente.
Las encuestas de clima organizacional pueden ser valiosas herramientas para identificar esas oportunidades. Escuchar a los colaboradores, fortalecer la comunicación y trabajar de la mano con las organizaciones laborales puede contribuir a mejorar no solamente el bienestar de las personas, sino también la productividad, la seguridad y la calidad del servicio.
Los sindicatos no deberían ser vistos como adversarios de la administración. Son parte de la institucionalidad laboral del Canal.
No se trata de una concesión. El artículo 103 de la Ley Orgánica contempla expresamente que la administración y los sindicatos puedan trabajar conjuntamente para mejorar las relaciones laborales, identificar problemas y encontrar soluciones.
Después de más de 25 años de exitosa administración panameña, sería incompleto reconocer únicamente el papel de administradores, juntas directivas, infraestructura y grandes proyectos. Los colaboradores y las organizaciones que los representan también han formado parte de ese éxito.
Defender al trabajador y defender al Canal no deberían ser objetivos contrapuestos.
Hay otra fortaleza que debemos cuidar celosamente: su profesionalismo. Una institución que pertenece a todos los panameños debe mantenerse permanentemente protegida de la política partidista. Las oportunidades de contratación, capacitación y promoción deben responder a las necesidades de la institución, la preparación, el desempeño y el mérito.
Para un colaborador que aspira a hacer carrera dentro del Canal, pocas cosas pueden ser más importantes que saber que su esfuerzo y capacidad determinarán hasta dónde puede llegar.
Ilya Espino de Marotta recibe una institución extraordinariamente exitosa y enormes responsabilidades. Río Indio y la seguridad hídrica son fundamentales. También lo son la operación diaria, la competitividad, la diversificación, la tecnología y los nuevos proyectos.
Pero cada nueva administración representa también una nueva oportunidad. Esta puede ser la oportunidad de acercarse todavía más a los colaboradores, escucharlos, promover su desarrollo y construir, junto con sus organizaciones laborales, un ambiente de trabajo todavía mejor.
Hablamos frecuentemente de “recursos humanos”, pero quizás deberíamos recordar que las personas no son simplemente un recurso más de una organización. Son quienes hacen productivos todos los demás recursos.
Durante más de 25 años, el Canal ha sido quizá nuestra mejor demostración de que los panameños podemos hacer las cosas bien. Preservar ese éxito requerirá agua, inversiones, tecnología y buena administración. Pero requerirá, sobre todo, seguir cuidando a quienes todos los días lo hacen posible.
Porque, como alguien que ha dedicado buena parte de su vida al Canal me dijo mientras preparaba este artículo:
“No hay mejor defensor del Canal que su propia gente”.
El autor es empresario, consultor y Caballero de la Orden de Malta.

