Panamá es un país de alrededor de 4.4 millones de habitantes, mal contados, pues el censo que debió haberse hecho en el 2020, no se hizo y hoy todavía estamos esperando los resultados del que se hizo este año y que no se sabe a ciencia cierta si se hizo bien, regular o no tan bien como a todos nos hubiera gustado. En otras palabras, no sabemos cuántas personas hay en Panamá.
Este es quizás sólo otra raya más para el famoso tigre, que si se las contáramos, estaría más rayado que libro de colorear de infante en pre kínder. Quisiera darle algo de apoyo a las instituciones encargadas, pero no estoy seguro si de verdad sabemos cuales son las estadísticas reales de nuestro país.
Cuando vemos o escuchamos a algún funcionario siendo entrevistado en algún medio de comunicación, por regla general, la mayoría desconfía. Y es lógico, les han prometido tantas cosas durante tanto tiempo que muchos no les creen a quienes sólo “aparecen dando besos a bebés una vez cada 5 años”. Es que en campaña todos prometen, pero muy pocos cumplen.
Ese es otro de los grandes problemas que tenemos con la clase política de nuestro patio, pues los gobiernos de turno se llegan a convencer que “el pueblo” vota con base a la cantidad de cemento que éstos invierten en el último año. No se me puede olvidar el famoso puente al cual casi ni se podía llegar, pues no había calle que lo conectara a ningún lugar.
Otros habían prometido puentes que como si fuera un acto de Copperfield, puff nunca vimos. Otros prometieron por ejemplo, centros de salud y se construyeron varios, pero no se podían usar, pues no tenían ni equipo ni nada adentro. Pero la deuda y los sobrecostos si estaban ahí; que tristeza pues se hubieran podido hacer tantas cosas y no se hicieron porque hubo quienes pusieron por delante de los intereses del país (y del famoso “pueblo”), los suyos propios.
Otros políticos de menos “categoría”, prometen cemento, bloques, bolsas de comida, techo y una que otra cosita. Pero les adelantan parte de la donación y solo se la completan si ellos salen electos. O sea, que si no salen las donaciones quedan a “medio palo” como comúnmente decimos los panameños.
Lo más triste es que son tan caraduras, que 5 años después vuelven a las mismas comunidades y vuelven a prometer el cielo y la tierra. Los más mayorcitos, les siguen creyendo, pero los más jóvenes ni les creen y mucho menos confían en estos candidatos. Esta es la nueva clase de ciudadanos que necesita Panamá.
Ciudadanos que tengan pensamiento crítico, que conozcan sus derechos y deberes y que los hagan cumplir. Son panameños que con o sin educación han aprendido que las bolsas de comida no les duran ni siquiera 2 semanas y con los bloques que les dan, no pueden construir ni siquiera la parte de abajo del cuarto que necesitan agregar a sus casitas.
Los panameños debemos tomar conciencia, que cuando oímos hablar de clientelismo, es un vil y vulgar engaño, pues pretenden “comprarnos” con nuestra propia plata y encima esperan que les den las gracias. No nos sometamos a llamar “honorables” a quienes no se lo merecen. Escojamos a quienes nuestro corazón nos dice que saben y pueden hacer el trabajo que el país necesita.
Los panameños tenemos la obligación de salir a votar masivamente el 5 de mayo del próximo año, pero votar por quienes conocemos o hayamos investigado y sepamos que son decentes. A quienes no tengamos que rendir pleitesía por el simple hecho de ocupar una curul en la asamblea o en un consejo municipal.
Restauremos el valor que siempre debió tener la silla presidencial y esto solo se logrará si escogemos al candidato más capaz, más honesto y quien no necesite robar para hacer. Escojamos a un candidato del cual no haya necesidad de avergonzarse, que no tenga que esconderse de nadie, que crea en Dios y que esté dispuesto a ser transparente y rendir cuentas, no sólo una vez al año sino siempre que sea necesario.
Compatriotas, llegó el momento de ser responsables de nuestro futuro, por nosotros mismos y no que venga alguien de afuera a decirnos lo que hacemos bien o mal. Llegó el momento de hacer una pausa y sacar del camino lo que no sirve y lo que obstruye el camino hacia el éxito de nuestra querida Panamá.
El autor es analista político y dirigente cívico
