Con el paso del tiempo, muchos funcionarios que laboran a lo interno de las cárceles en Panamá tienden a identificarse con la situación de los privados de libertad y se olvidan por completo de las causas que llevaron a los reos a estar en proceso de detención.
Algo muy parecido al conocido “Síndrome de Estocolmo”, en el que las víctimas se identifican con los victimarios llegando,incluso, a establecer vínculos afectivos con ellos.
Si algo caracteriza a los infractores de la ley es el hecho de que manejan muy bien el arte de la “manipulación” y estudian al detalle alguna debilidad que puedan presentar los que están a cargo de los centros penitenciarios. Los encargados de las “escuelas” por ejemplo, envían de forma inmediata a dar clases a todos los que van ingresando a las cárceles de menores sin hacer un estudio detallado de cada situación en particular.
En las cárceles de Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, ingresan para estudiar solo aquellos que hicieron mérito para acceder a la escuela o la universidad.
En el Centro de Cumplimiento de Pacora, por ejemplo, donde he laborado por varios años, no se hace una clasificación por perfil delictivo a los que ingresan a la escuela. Esto ha ocasionado un sinnúmero de peleas y agresiones dentro del área de formación escolar que ha puesto en peligro la seguridad del personal docente y de los custodios.
Es bien sabido que en los centros penitenciarios, a mayor hacinamiento,mayor es el nivel de ansiedad y agresión. Los problemas que los menores infractores traen de arrastre de las calles y barrios los tratan de resolver a lo interno de las cárceles. Y nos estamos refiriendo a “guerras” entre bandas que tienen un conteo de muchos muertos.
De manera “nociva”, muchos jueces que tienen a su cargo los casos de menores de edad le hacen más caso a lo que estos les informan que a los propios adultos y profesionales que laboran en los centros en mención. Todo se vuelve un “rosario” de citas que hablan de los derechos del menor y los privados de libertad en detrimento de los derechos a terceros.
La manera cómo muchos funcionarios de la ley interpretan los derechos humanos del detenido hacen más mal que bien, puesto que no se toman en cuenta los “perfiles delictivos” en los cuales, la extorsión, el chantaje y la manipulación están presentes a la hora en que los privados de libertad quieren hacer valer sus derechos.
Es un hecho que en muchos países llamados “desarrollados” y que están más adelantados que nosotros en materia de derechos humanos y penalización, los menores de edad, cuando cometen un crimen con alevosía, son custodiados primero en un centro para menores, pero luego son juzgados como adultos, llegando, incluso, a ser condenados a cadena perpetua.
Todo esto se lleva cabo luego de un análisis psicológico y sociológico del detenido, en el que se pone en la balanza el nivel de raciocinio y la capacidad para discernir entre el bien y el mal.
Aquí en Panamá, lo máximo que estipula la Ley para condena en caso de menores que cometieron homicidio son doce años. No obstante, si dichos menores asisten a la escuela y toman cursos de diversa índole, entonces su sentencia se reduce a la mitad, es decir seis años o quizá menos.
Y una vez el menor se encuentra dentro de su entorno, inmediatamente se conecta con el mundo que ha aprendido desde muy pequeño: delinquir.
Nos referimos a tipos de “familias de infractores”, en las que casi todos o están en la cárcel o están saliendo para tomar unas “breves vacaciones” y luego ingresar otra vez en los centros penitenciarios.
La cantidad de menores de edad que vuelven a delinquir es asombrosa. Es posible que sea mucho más del cincuenta por ciento los que ingresan a cárceles para adultos y que pasan casi toda su vida tras los barrotes y “comiendo candado”, como ellos mismos dicen.
Este panorama que se presenta desde hace décadas indica que el llamado proceso de resocialización en Panamá ha fracasado por múltiples factores, dentro de los cuales está, desde luego, la improvisación y la “politiquería” en asuntos que son sumamente graves.
El autor es sociológo y docente panameño
