Ese proyecto de ley sobre el etanol en combustibles apesta a negociado por donde se mire. Es que todo se reduce a la obligatoriedad. En cambio, los que tienen ingenios –incluidos dos angelitos de los negocios: el contralor y el expresidente condenado por lavar dinero– harán el negocio de sus vidas sin arriesgar capital. Y todavía dice uno de esos dos descarados que no hay conflicto de interés. Sus brújulas morales carecen de norte; apuntan siempre hacia ellos, porque son cachivaches inservibles, arreglados por ellos mismos para torcer las cosas a fin de que todo sea para su beneficio personal.
¿Cómo creer en un funcionario que mediante una simple resolución ha paralizado las actividades administrativas, gastos e inversiones de un municipio tan importante como San Miguelito, solo porque a él le da su regalada gana? No hay duda de que el poder desnuda y lo que toda esta situación revela con los desechos en ese distrito es que algunos matan por revolcarse en la basura. Y este aprendiz de dictador que gobierna desde la avenida Balboa no le tiembla la mano para hacer su nada santa voluntad.
Así como el etanol será una fuente de recursos sin mayor esfuerzo para su bolsillo, preguntémonos ¿a quién beneficie la virtual paralización de las actividades del Municipio de San Miguelito? Pues a nadie. De hecho, perjudica a todos los habitantes de ese distrito. Son cientos de “pataconcitos” donde yacen toneladas de basura. Pero a él no le importa un rábano con los residentes de San Miguelito: ¡Que se pudran!
Ah, pero a los dueños de la empresa Hombres de Blanco, a esos sí hay que pagarles por su supuesta limpieza de hospitales del Ministerio de Salud. Esos sí que no se pueden quedar sin plata, pero las familias de San Miguelito, ¡al diablo con ellas!, que se ahoguen en la basura. ¡Quien los manda a elegir una alcaldesa independiente! En su institución está el contrato para recoger la basura en San Miguelito, pero Bolo Flores lo que ha hecho es entablar una guerra con Irma Hernández, reduciendo la capacidad de refrendo de los fiscalizadores de la Contraloría en la Alcaldía de $50 mil a solo mil dólares.
¿Por qué no hace eso en la Asamblea Nacional? ¿Por qué no le aplica la misma regla al Ministerio de Gobierno donde se cocinan no solo las comidas de los huéspedes del sistema penitenciario? ¿Por qué no hace en el Ministerio de Salud, con sus amiguitos de Hombres de Blanco? ¿Por qué no frena la nueva descentralización paralela? ¿Por qué tanto leseferismo con los contratos de Etesa o los del Ministerio de Seguridad?
La hipocresía de Flores es tanto o más que la del presidente de la República. El solo hecho de que él defienda el proyecto de ley del etanol es suficiente razón para mí para desconfiar de sus aparentes propósitos, pues esconde órdenes para el ciudadano. Primero, el uso del etanol será obligatorio para todos los conductores; segundo, los importadores y distribuidores de combustibles estarán obligados a adquirir la totalidad del bioetanol disponible en el país.
Tercero: si el combustible es importado a Panamá previamente mezclado con etanol, el impuesto pasa de 60 centésimos por galón a $3.78 por galón. Y si es diésel importado con biodiésel, el impuesto por galón pasa de 25 centésimos a $1.58 por galón. O sea, obligarán a la compra a los locales. Y todo esto es apenas la punta del iceberg.
Aseguran que buscan generar empleos. Yo digo que es falta de capacidad, imaginación y pura incompetencia. Si quieren entrar a competir en un mercado tan competitivo como los combustibles, háganlo bajo su propio riesgo. Nosotros no tenemos que estar obligados a garantizarles nada. ¿Quieren obligarnos a consumir sus productos? Entonces, ¿por qué no se hace obligatorio que todos los funcionarios panameños en cualquier cargo se atiendan en el sistema público de salud en lugar de ir a hospitales en Houston, New York, Madrid o cualquier otro en el extranjero? ¿Lo nuestro primero? Entonces pongan ustedes el ejemplo, ¡caraduras!

