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El Nimitz: lisonja y sumisión

El Nimitz: lisonja y sumisión
Los invitados pudieron recorrer la cubierta de vuelo del USS Nimitz.

Recientemente estuvo en aguas panameñas, del lado Pacífico, un buque de la armada de Estados Unidos. Se trató del portaaviones Nimitz, con capacidad para alojar 90 aeronaves, entre aviones y helicópteros, y capaz de soportar unas 100 mil toneladas. Funcionarios panameños minimizaron su presencia, al explicar que se trató de una travesía normal, como cualquier otro buque de guerra que pasa por nuestro país.

Tratándose, además, de un recorrido hacia el sur, donde tendría varias paradas en América del Sur, tanto en el lado Pacífico como Atlántico, hasta llegar a la costa este de Estados Unidos, por lo que no debía haber ningún tipo de preocupación.

Al no ser Panamá un Estado jurídicamente neutral y como la supernave no cruzó el Canal de Panamá por su excesivo tamaño, entonces no ha pasado nada ni se ha violentado nada legalmente. De hecho, tampoco nada impide que hubiese podido pasar por el Canal, si hubiese cabido en la ampliación realizada. Pero, dada la coyuntura de una vía navegable tan importante y amparada por un tratado de neutralidad permanente, y la circunstancia geopolítica que hoy juega un papel peligroso desde el punto de vista militar y que enfrenta bandos, Panamá debe tomar en cuenta otras variables.

En primer lugar, está la posibilidad de que se pueda pensar que, con esta situación, nuestra república pudiese estar tomando partido frente a un conflicto en el Medio Oriente que enfrenta a Israel y a Estados Unidos contra Irán. Peor aún cuando funcionarios panameños, como el alcalde capitalino, diputados, ministros, entre otros, hacen un alarde público de alegría, emoción, júbilo o regocijo, al punto de aplaudir la llegada del Nimitz y de transmitir autobombo, encomio y adulación por haber estado presentes, nada más y nada menos, que dentro de este enorme buque de guerra.

No olvidemos tampoco la acusación de Washington a Pekín de retener barcos bajo bandera panameña en sus puertos, y la respuesta china de que se trata de una invención de Estados Unidos para reclamar hegemonía sobre el Canal de Panamá. Punto este, por cierto, que muestra el contraste entre el apoyo a Panamá por un bloque de países bajo el escudo americano ante la presión de China sobre el comercio global contra naves que usan bandera panameña; mientras que, frente a la amenaza del otro de tomarse el Canal por la mentira sostenida de haberlo comprado por un dólar, el escudo de las Américas reía como si se tratara de un chiste.

Entonces me pregunto: ¿Cuál es la visión estratégica de Panamá ante la llegada del Nimitz y la inadmisible algarabía de sus autoridades? En Panamá se nos vendió la idea de que esta estadía en puerto se relacionaba con la cooperación hemisférica destinada a enfrentar el crimen organizado. Lo que implicaría una mayor coordinación regional en inteligencia, vigilancia marítima y acciones conjuntas contra redes criminales ante una preocupación legítima de seguridad hemisférica.

Pero la estadística panameña, por lo menos en el tema de los homicidios, no acompaña esta suposición. En 2025, por ejemplo, y con el actual gobierno plenamente instalado, hubo un registro de 593 asesinatos, lo que representa más del 2% que en 2024 y un índice de 13 homicidios por cada 100 mil habitantes, el más alto desde 2015 a la fecha. Las propias autoridades reconocen que el 70% de esas muertes se relacionan con el crimen organizado, pandillas y tráfico de drogas.

Y aunque tampoco es excusa lo que dejan entrever, en el sentido de que no es tan malo que los pandilleros se maten entre ellos, resulta que también estarían creciendo los heridos y muertos inocentes, ya que a los sicarios no les importa siempre que cumplan su cometido.

Entonces, no solo no existe, o no parece existir, ninguna relación entre la parada de estas enormes naves de guerra en puertos panameños y la intensificación de la lucha contra el narcotráfico, el combate a los cárteles y organizaciones criminales transnacionales o contra las redes que combinan tráfico de drogas y lavado de dinero.

Peor aún cuando acompañó al Nimitz en aguas panameñas el destructor Gridley, que tiene radares y misiles de alta tecnología. Y si a esto le sumas el emotivo bullicio de funcionarios panameños dentro de estas naves, jugando a los soldaditos de plomo y vestidos de Capitán América, en medio del conflicto militar en el golfo Pérsico, no hay peor cuadro para debilitar la neutralidad del Canal de Panamá.

No se trata de criticar simplemente la parada momentánea del portaaviones en puerto panameño, sino el contexto que lo rodea: el jolgorio, la adulación y el enardecimiento excesivo. Y que, además, su propulsión nuclear no mejora, o no ha mejorado un ápice —o así parece—, la lucha contra el narcotráfico utilizada como excusa en Panamá para justificarlo todo.

El autor es abogado.


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