La transición energética global ha desatado una carrera geoestratégica por los minerales críticos. América Latina, con más del 50% del litio y un tercio del cobre mundial, es el epicentro de esta disputa. Ante la necesidad de Occidente de reducir su dependencia de China, la región surge como una aliada estratégica. En este ajedrez, Panamá puede consolidarse como el centro regional de datos e inteligencia artificial (IA) para optimizar esta revolución.
Nuestra ventaja no está en el subsuelo, sino en la conectividad. La minería moderna y sostenible bajo estándares ESG requiere algoritmos de IA para la exploración geológica, automatización y trazabilidad de suministros. Con cables submarinos de fibra óptica y nuestra plataforma interoceánica, Panamá puede ser el cerebro digital que procese los datos de las operaciones en el Cono Sur.
Para lograrlo, el país necesita una política agresiva de incentivos tecnológicos. Debemos crear “Zonas Francas Digitales de Nueva Generación” que otorguen exoneraciones fiscales totales en la importación de hardware para servidores avanzados de IA. Es crucial establecer créditos fiscales por inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) tecnológica, y simplificar los trámites migratorios mediante “visas nómadas digitales corporativas” para atraer a los mejores científicos de datos del mundo.
A la par, urge una estrategia de capacitación de talento local. Proponemos el programa nacional “Panamá IA 2030”, una alianza entre el Estado, universidades y gigantes tecnológicos (Microsoft, AWS, Google) para cofinanciar certificaciones masivas en computación en la nube, ciberseguridad y algoritmos predictivos. Debemos reformar los currículos universitarios de ingeniería, introduciendo la especialización en tecnología minera digital (Mining Tech). Esto garantizará que los jóvenes panameños ocupen las plazas de alto valor que creará este ecosistema.
La reconfiguración de suministros exige socios confiables. Al asumir el rol de Hub de IA y datos, Panamá diversificará su economía y entrará con éxito en la era del conocimiento. La riqueza del mañana no solo estará en la tierra de nuestros vecinos, sino en nuestra capacidad para procesar la información que moverá al planeta.
El autor es economista.
