La salud no es un bien cualquiera, la salud es un bien meritorio, es decir, que cualquiera persona tiene derecho a ella sin importar su capacidad de pago. Si la salud es un bien meritorio, el Estado está obligado a proporcionarlo a aquellas personas que no tienen capacidad de pago, en unas condiciones de calidad y oportunidad.
Tristemente existen dos tipos de ciudadanos en Panamá y los mismos reciben una mala atención en salud: los que pagan la salud con los impuestos, los que pagamos salud con nuestros impuestos y el descuento obligatorio de la cuota obrero patronal.
El programa de Enfermedad y Maternidad del Seguro Social es un paquete de beneficios laborales que reciben los trabajadores y sus familias, con el objetivo de formalizar el empleo. De esta manera se protege al trabajo que es motor del Estado. Un financista externo a la institución no es el “experto” para saber que beneficios laborales deben ser recortados o externalizados.
Actualmente la comunidad panameña que paga dos veces por su salud ha vivido en carne propia la falta de insumos y medicinas por las recomendaciones de los financistas. El médico piensa en sus pacientes, el financista no tiene parámetros para evaluar los beneficios “intangibles” de tener a los trabajadores saludables. El financista no piensa en seguridad social, piensa en plata.
Para el financista el médico es un derrochador de recursos que no tiene en cuenta la escasez y además es un testarudo que no entiende que las leyes económicas son las que finalmente determinan cómo se distribuyen los recursos.
Tristemente los financista no saben que la falta de salud tienen a los panameños en una trampa de pobreza clásica: Juan de los palotes tiene problemas de la vista y no hay insumos en el seguro, por ende pide dinero prestado a tasas altas de interés a los prestamistas para poder comprar las gotas que nunca hay hasta que llegue el día de la cirugía, para empeorar el hijo pequeño de esa familia de 5, le acaban de diagnosticar asma severa y no hay salbutamol en la entidad por lo cual usan la beca universal para pagar su tratamiento y no en educación. Juan de los palotes queda ciego porque se suspende la cirugía por falta de instrumentador y pierde el trabajo.
La falta de insumos y medicamentos por la visión financiera de los que administran el Seguro hace que las familias panameñas queden atrapadas en una trampa de pobreza clásica: la falta de medicamentos hace que la beca universal se use con otros fines, el niño pequeño fracasa el trimestre porque no va con regularidad a la escuela y tiene que desertar para trabajar por su familia.
No necesitamos a un director con experiencia en gerencia por inconveniencia y que venga a racionalizar los tiempos de espera o a brindar salud por medio de externalizaciones selectivas. Suficiente con la privatización del IRHE que no mejoró el servicio público y que ha quemado equipos robóticos millonarios y angiógrafos en la Ciudad Hospitalaria.
Desde tiempos bíblicos sabemos por Mateo 6:24 que «nadie puede servir a dos amos», y un financista de los conglomerados empresariales nacionales no maximizará el producto de la cuota obrero-patronal en el seguro, si no que viene disminuir el mayor bienestar posible de los beneficios de las prestaciones laborales formales. Viene a replicar co-pagos, aumento de primas anuales y ha monopolizar redes de proveedores.
Esperemos que el nuevo director ungido no sea un “financista” salvador que mejorará la economía de los conglomerados político-empresariales que dictan desde la Asamblea Nacional en detrimento de los beneficios laborales de la cuota obrero-patronal.
El autor es cirujano sub especialista.
