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El ogro excluyente

El ogro excluyente
Burocracia. Ilustración generada con inteligencia artificial por ChatGPT / OpenAI.

Se ha derramado mucha tinta señalando la artrosis estatal que sufrimos y donde la excesiva burocracia es la principal causa. Escribir otro artículo señalando los cientos de casos que atoran y paralizan al ciudadano que trata de ganarse su sustento libremente, sería más de lo mismo.

Pero si es necesario analizar las consecuencias de este deterioro, no como una foto, si no como un video donde se puede apreciar, en el tiempo, cómo el daño a la sociedad es múltiple y duradero. El efecto acumulado de una burocracia que se sirve a sí misma ha degenerado en un Estado incapaz de generar nuevas oportunidades para todos, una ineficacia para gestionar cualquier emprendimiento ciudadano y con ello una discrecionalidad anárquica donde se lava la corrupción financiera y política.

A este gobierno le tocó recibir un estado esclerotizado por la acumulación de papeles y requisitos, que a través de los años hemos inventado. Una avalancha de memoriales, “poderes de abogado”, resoluciones, paz y salvos. Todos “administrados” por una legión de bomberos, ingenieros municipales, inspectores de salud y más. Un empapelamiento inútil y abusivo, cuyas consecuencias más visibles son una parálisis de la inversión y una generación casi nula de empleo y de oportunidades formales. Un país que no se mueve. Y el que trata de resolver para poder comer, busca el claroscuro de la informalidad y el “por fuera”.

Buena parte del problema es que vemos los abusos burocráticos, como anécdotas aisladas, que acaban resolviéndose con influencias o con plata. Todos toleramos esa solución, porque es un problema que se ha vuelto demasiado grande y aceptado, para luchar contra el. O sea, hemos, en palabras de Hannah Arendt, “banalizado” la ineficacia y la corrupción, como el costo de hacer negocios. Al que le toca, que resuelva.

Tristemente, hay bastante más que una transacción sin consecuencias. La primera es que todos los remedios que aplicamos para lidiar con el ogro burocrático son ilegales y además inmorales. Una sociedad de hombres correctos no puede vivir tolerando un comportamiento de funcionarios públicos, a sabiendas que lucran de ello o capitalizan los favores políticos que reciben a cambio de otorgar un permiso de ocupación, soltar un estudio de impacto ambiental o reconocerle los créditos fiscales a un agroexportador. !Noombe, no!

Pero hay consecuencias económicas importantes. El primer problema que genera el ogro burocrático es que impide que la gestión del empresario o emprendedor se haga en plazos rápidos. Al contrario, los tiempos de respuesta y generación de autorizaciones, son eternos y costosos. Y esa cara demora, restringe la oferta de bienes y servicios a la sociedad, que las quiere y las necesita.

¿Y qué efecto tiene esa deliberada restricción de oferta? Una escasez de los bienes que se demandan y con ello, un incremento de precios que solo beneficia a los productos que ya están en el mercado. El ejemplo emblemático son el costo de las medicinas y las importaciones de alimentos. Si aquí los trámites de registrar medicamentos y alimentos fuera rápido y fácil, habría una oferta creciente de bienes y servicios, que rápidamente competirían con los existentes y, siempre, habrá una caída de precios o una gama mas extensa de bienes que sustituyen a los que ya están.

Pero no. El control de la oferta es el beneficio del que disfrutan los que ya están en la rosca, sus asesores y abogados que viven de inventar más regulaciones para en efecto, privar a los ciudadanos de su derecho de escoger. Y el ogro excluyente se siente satisfecho de impedir que la población pudiese escoger cosas que él no controla.

Las demoras en los proyectos de vivienda tienen el mismo efecto de restringir la oferta: casitas más caras. Pero, además, cada proyecto de vivienda son cientos de trabajos nuevos, y miles en movimiento de materiales etc., en fin, mover la economía. Pero aquí, otra vez, vemos el caso de Juan o de Pedro, pero cuando vemos el colectivo de proyectos parados por un bombero o un ministerio, que no acepta un memorial porque no tiene el “margen” correcto, el efecto no es sobre un proyecto, sino contra toda la economía y el empleo.

A Panamá, con razón se le califica como un país muy desigual. Pero muy pocas veces se señala a la excesiva burocracia, como una forma nefasta y tajante para excluir al que no tiene ni plata ni padrino y darle trato VIP, al rico o conectado. Cuando un emprendedor de Arraiján, se le ocurre soñar con una heladería, entre el Ministerio de Salud, el municipio y los Bomberos, le consumen sus ahorros y sus ganas de seguir adelante. Ese es el mismo caso de una farmacia en Pacora, de un taller en el Casco Viejo, de una cafetería en Boquete y miles más. Solo el que tiene la plata para aguantar el largo proceso burocrático o la plata para coimear y resolver, cruza el mar de dificultades. ¿Y quién es ese? El que tiene y puede.

Y si ahora en vez de la foto de cada caso, examinamos el video, vemos claramente cómo fomentamos la desigualdad y fortalecemos una pequeña élite rentista, que no nos beneficia, sino que nos secuestra.

El autor es presidente de la Fundación Libertad.


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