En la era digital, la innovación tecnológica se erige como un motor esencial para el desarrollo económico y social global. Las economías más avanzadas han demostrado que la integración y la creación de nuevas tecnologías no sólo impulsan la productividad, sino que también elevan la calidad de vida de sus habitantes. América Latina, en consonancia con esta tendencia, está viendo un incremento significativo en el interés por la tecnología y por la innovación. Esta región, con su potencial para la automatización y para la optimización de procesos, enfrenta una oportunidad única para transformar su panorama social y económico.
En este contexto, la demanda de innovación tecnológica en América Latina se vuelve cada vez más crucial. La búsqueda constante de soluciones automatizadas y eficientes para adaptarse a las circunstancias cambiantes no sólo es vital para el desarrollo personal y social, sino también para el progreso integral de la región. Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿cuál es el papel de nuestra juventud ante estos avances tecnológicos?
En Panamá, más de 6,600 estudiantes se presentan cada año a los exámenes de ingreso universitario en carreras tecnológicas, según la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP). Esta cifra refleja una generación de jóvenes con un potencial innovador considerable, listos para aportar nuevas ideas que podrían revolucionar el país. La cuestión reside en cómo canalizar y aprovechar este talento emergente, promoviendo lo que denomino “Tecnología con propósito”. La pregunta crucial es: ¿cómo podemos garantizar que estas ideas no se queden en el olvido?
A pesar de las diversas oportunidades disponibles para los jóvenes, como lo son los proyectos de incubación universitaria y los programas de emprendimiento, muchos enfrentan barreras significativas. Los obstáculos económicos, que limitan el acceso a financiación para desarrollar ideas, y las deficiencias en el apoyo institucional, que restringen el crecimiento de los proyectos, son desafíos persistentes. En un país con un gran potencial, estas barreras se ven exacerbadas por una estructura educativa que no siempre satisface las demandas tecnológicas actuales, al no ofrecer en no pocas ocasiones ni los espacios ni los recursos humanos ni técnicos esenciales.
Como observa Satya Nadella, CEO de Microsoft, “Los jóvenes son los verdaderos innovadores. Ellos crecen con la tecnología y la ven como una herramienta para cambiar el mundo. Debemos empoderarlos y brindarles las oportunidades para que puedan desarrollar todo su potencial”.
Para abordar estas necesidades, es esencial fomentar iniciativas que incluyan la colaboración entre empresas privadas y entidades internacionales. Facilitar la participación de los jóvenes en convocatorias externas y promover su formación como investigadores en conjunto con la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) son pasos fundamentales para desencadenar su potencial. Además, es imperativo que se establezcan políticas públicas que integren la tecnología en el currículo educativo y que se promueva una cultura de innovación desde edades tempranas.
A pesar de que Panamá se encuentra en el Top 10 regional según el Índice Mundial de Innovación 2023 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y ocupa la posición 84 a nivel mundial, aún hay margen para mejorar y alcanzar una mayor relevancia internacional. Esta posición es un testimonio del progreso logrado, pero también un llamado a la acción para avanzar aún más.
Es imperativo que el gobierno, el sector privado y las instituciones educativas colaboren para construir un ecosistema que nutra la innovación y el avance tecnológico. Invertir en programas de formación, ofrecer incentivos fiscales para startups y fortalecer las alianzas internacionales son acciones cruciales para que nuestros jóvenes puedan florecer y posicionar a Panamá en un lugar destacado en el escenario global de la innovación.
La juventud panameña posee un potencial vasto y una creatividad inigualable. Es hora de que unamos esfuerzos para proporcionarles las herramientas y el respaldo necesario, permitiéndoles no sólo soñar con un futuro mejor, sino también materializarlo. La “Tecnología con propósito” no debe ser un mero ideal. Debe convertirse en una realidad imperiosa para el desarrollo sostenible de nuestro país. Sólo así podremos asegurar un futuro competitivo para Panamá en el escenario internacional de la innovación.
El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana