Casi 32 años después del atentado terrorista contra el vuelo 901 de Alas Chiricanas —que dejó 20 víctimas—, el principal sospechoso llegó extraditado desde Venezuela para enfrentar, por fin, a la justicia.
En una coincidencia providencial, la llegada de Ali Hage Zaki Jalil ocurre la misma semana del estreno de Paraíso Tropical en los cines. La película, además de documentar este ataque terrorista, expone el trauma individual y colectivo que dejaron el ataque y los años sin respuestas por parte de las autoridades.
Como sobrino de una de las víctimas, su director Abner Benaim convierte fragmentos de su terapia en una exhibición pública de una herida emocional que aún no cierra. Pero esa herida no es solo suya: es la de un país donde, una y otra vez, la impunidad termina imponiéndose sobre la justicia. Es la de una sociedad donde el camino de “pasar la página” es mucho más transitado que el de buscar la verdad.
“En mi vida he hecho como 10 mil autopsias, pero esta es la única que he hecho a un terrorista que se suicida. No ha habido ningún otro caso en Panamá”. El dictamen del ex jefe de Medicatura Forense, el Dr. José Vicente Pachar, no dejó lugar a dudas: quien detonó la bomba en el vuelo 901 fue un terrorista suicida, que subió al avión como un pasajero más: el muerto número 21.
Esa contundencia contrasta con el abrumador silencio que envolvió el caso durante casi 25 años. ¿Fue la falta de recursos o la falta de voluntad? ¿Fue el temor a las represalias lo que hizo que muchos miraran para otro lado o hubo algún tipo de complicidad o encubrimiento?
Ali Hage Zaki fue detenido en Panamá por un caso de armas incautadas meses después del atentado, pero fue liberado. ¿No tenían evidencia en ese momento de su participación en la explosión del avión? ¿Qué papel jugó en el atentado? ¿Quiénes más ayudaron al terrorista suicida a preparar y subir una bomba que mató a 20 inocentes en un vuelo comercial? ¿Cómo explicar la inacción de las autoridades panameñas por tantos años?
Hay conexiones internacionales que también forman parte del rompecabezas que aún no termina de armarse. La explosión ocurrió un día después del ataque contra la AMIA (centro de la comunidad judía) en Buenos Aires, donde murieron 85 personas. Existe un vínculo entre ambos atentados, atribuidos después a la organización terrorista Hezbolá.
En octubre de 2024 el FBI ofreció una recompensa de hasta 5 millones de dólares por información que condujera a los responsables y ahora un investigador revela en la película que han identificado a un tercer sospechoso. La extradición de Ali Hage Zaki Jalil ocurre en un contexto político inédito: uno en el que Venezuela colabora junto a Estados Unidos y Panamá en la investigación.
Benaim bautizó su cinta “Paraíso Tropical” porque la explosión en la que murió su tío hizo estallar por los aires su utopía infantil de que en Panamá “no pasaban esas cosas”. Es la pérdida de inocencia que el cineasta comparte con la audiencia.
Ese proceso también debería tener una dimensión institucional. La llegada del principal sospechoso no es el fin de la pesadilla que han vivido los familiares. Puede ser el comienzo del fin. Porque hacer justicia en este caso no solo será procesar a Ali Hage Zaki Jalil. Será también sacar a la luz pública todo lo que durante años se prefirió callar.


