A mediado de los años setenta del siglo XX, China empezó a reinventar su historia y fue así como asistimos a ver el advenimiento de un nuevo y gran protagonista de la política mundial: la gran China, la República Popular de China, quien sin prisa pero sin pausa ha llegado a ocupar el segundo lugar en el liderazgo político y económico ejerciendo una innegable y decisiva influencia en la geopolítica.
Frente a la supremacía y liderazgo hegemónico del paladín de un Estado de derecho y de asentamiento de la democracia liberal como es los Estados Unidos de América, caracterizados por su fuerza militar, capacidad económica y tecnológica (Hard Power) como armas fundamentales, la presencia China se extiende rápida pero no precipitadamente con su China’s Belt and Road Initiative (BRI), o Un Cinturón-Una Ruta.
Desde 1990, Deng Xiaoping, trazó la “estrategia de los 28 caracteres” para sacar a China del aislacionismo y convertirse en la potencia mundial que es hoy en día, valiéndose como una economía en vías de desarrollo y aplicando la política ganador-ganador para ejercer el poder blando basados en la economía, cultura y diplomacia. Donde las compañías de otros países ven riesgo y no entran a invertir, las empresas del dragón asiático entran en juego con un “capitalismo rojo”.
La economía de Estados Unidos es muy fuerte por su poderío militar. La estrategia militar de Estados Unidos está principalmente fundamentada en que la Marina Estadounidense controla todos los océanos del mundo. Hasta hoy esto quiere decir que Estado Unidos puede invadir otros países más no puede ser invadido, también que controla el comercio internacional. Es ahora la otra cara de la moneda de su poderío económico.
Un poderío que es realidad gracias a la construcción y geografía del Canal de Panamá que produjo una realidad económica al dominar un continente invulnerable a la invasión y ocupación.
¿Cuál es el miedo de Trump? Que su patio trasero tiene nuevos dueños y que afecte el poder que le brinda a Estados Unidos el Canal de Panamá.
Hoy, América Latina es el segundo mayor destinatario de inversión directa china. Varios países aceptaron participar en el proyecto de infraestructura y comercio global de Pekín: la “Nueva Ruta de la Seda”, y esto vino acompañado de un componente político reflejado principalmente en el reconocimiento de la política de “una sola China”. En 2017, El Salvador, Panamá y República Dominicana figuraban entre los 18 países que reconocían la soberanía de Taiwán, a quién China considera provincia separatista. Unos años más tarde, y a costa de generosos préstamos y proyectos de infraestructura, los tres Estados rompieron relaciones diplomáticas con Taipéi.
¿Cuál es la verdad de Trump? Que el misterioso empresario chino Wang Jing y la empresa HK Nicaragua Canal Development Investment Co., Limited (HKND) no pudieron iniciar la construcción del gran canal interoceánico nicaragüense anunciado hace una década atrás y que Erika Mouynes fue destituida del cargo de ministra de relaciones exteriores de Panamá durante la administración Cortizo y era la encargada de un protocolo de Neutralidad del Canal de Panamá que nunca se suscitó con la República Popular de China. Durante el mandato del presidente Cortizo se renegociaron contratos leoninos como lo fueron puertos, ferrocarriles y minas de techo abierto. No es de extrañar que los ex presidentes Varela y Cortizo se ausentaran de la reunión de expresidentes donde reafirmaban la soberanía de Panamá sobre el Canal de Panamá.
La participación de empresas de capital extranjero merece una atención especial en nuestra geopolítica. Sun Tzu dice: “la guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien”.
Esperemos que la República Popular de China se pueda adherir al tratado de neutralidad del Canal de Panamá y que Trump no de una interpretación populista a la Reserva DeConcini.
El autor es cirujano sub especialista
