Sin duda, el pifá, pixbae o pibá (Bactris gasipaes Kunth) es uno de los frutos más apetecidos en Panamá. No hay panameño del interior del país que no haya consumido un pifá o al menos escuchado su nombre durante su vida.
Este apetecido fruto es tradicionalmente adquirido sancochado por unidades separadas o en pequeñas bolsas, tanto en el interior como en la capital del país. De igual manera, es común encontrar los frutos sin cocinar en mercados y puestos de ventas de frutas a lo largo de la carretera Panamericana, sobre todo en localidades como Penonomé, Santiago, David y Changuinola, por ejemplo.
El pifá es una palmera distribuida a través de Panamá y, en la mayoría de los casos, las plantas se han establecido de manera silvestre y otras cultivadas en lapsos de muchos años. El pifá mantiene una amplia diversidad de plantas con frutos de diversos colores que van desde rojos, verdes, amarillos, naranjas, rojizos y mezclas que hacen de sus frutos entre los más coloridos de nuestra flora.
El sabor de los frutos sancochados es muy agradable y muchas personas prefieren consumirlos con café. Pero lo que muchas veces pasa desapercibido para las personas que consumen el pifá es que estos frutos son altamente ricos en nutrientes que incluyen grasas, carbohidratos, proteínas, minerales y vitaminas.
De la planta del pifá se puede consumir el fruto, pero también el conocido “palmito”, que no es más que el tallo tierno o corazón dentro de la palma, sobre todo de palmas jóvenes. De los frutos se puede obtener harina para preparar empanadas, por ejemplo, y el palmito puede consumirse de manera directa en ensaladas, bocadillos y otros platos especiales. En la actualidad el pifá sigue siendo un fruto de suma importancia para la seguridad alimentaria en Panamá, sobre todo de aquellas comunidades de áreas alejadas o de difícil acceso donde el pifá constituye una pieza clave para la alimentación de dichas comunidades.
Pero otro aspecto de mucha relevancia del pifá es que constituye para muchos productores agrícolas en Panamá una caja menuda de efectivo para necesidades económicas básicas, sobre todo para pequeños productores de comunidades en comarcas y provincias tales como Coclé, Chiriquí y Bocas del Toro, por ejemplo, donde inclusive la cosecha de los racimos de frutos es todo un ritual por lo complejo de subir las palmas, cuyos tallos de 6 metros de altura están llenos de espinas, y poder cosechar dichos racimos completos constituye toda una odisea para obtener tan querido fruto.
Esta querida planta ha sufrido durante los últimos años problemas fitosanitarios de relevancia asociados a daños por insectos plaga, como el caso del picudo del pifá (Palmelampius heinrichi O’Brien), que causa la caída de los frutos, situación que ocasionó que la productividad a nivel nacional del pifá se redujera hace unos 5 años, luego de lo cual se tomaron medidas de manejo integrado de plagas adecuadas, como fue el caso del embolsado plástico y uso de trampas con atrayentes para el control de los adultos, que fueron producto de investigaciones aplicadas realizadas por instituciones del Estado panameño como la Dirección Nacional de Sanidad Vegetal del Ministerio de Desarrollo Agropecuario y el Instituto de Innovación Agropecuario de Panamá, cuyo trabajo en conjunto logró detener el avance de dicho problema fitosanitario.
Por tanto, es de suma importancia que la investigación de material genético nativo, manejo integrado de plagas y prácticas de manejo agronómico que incrementen la productividad del pifá siga siendo fundamental en el país para asegurar que los productores tengan las herramientas necesarias para dicho fin. Esta misión es fundamental por parte de todos los actores involucrados en la producción agropecuaria del país, constituido por productores, consumidores, profesionales agrícolas, docentes e investigadores agrícolas que buscan concientizar a la población de los problemas que nuestros rubros agrícolas sufren y ofrecer las potenciales soluciones de las cuales disponemos para incrementar la producción del pifá en Panamá.
El pifá es parte de la cultura culinaria de nuestro país y seguirá siendo pieza fundamental de la seguridad alimentaria en Panamá.
El autor es profesor especial de la Universidad de Panamá


