El título de este análisis forense se relaciona con la actividad de investigar operaciones financieras para lograr información o pistas de auditoría forense sobre un delito, en una investigación de enriquecimiento injustificado o rastros de una red criminal.
La relación o conexión del flujo de dinero entre los perpetradores de un hecho ilícito da una gran oportunidad de relacionar o rastrear a las personas vinculadas al hecho material, lo que brinda a las autoridades una gran oportunidad de desarticular estas organizaciones.
Documentos como estados de cuenta bancarios, estados de cuenta de tarjetas de crédito o débito, facturas de pago como cuotas de mantenimiento de propiedades, compra de automóviles, pagos a comercios como joyerías, además de investigaciones en redes sociales sobre viajes y propiedades de los vinculados, brindan un caudal de información que acerca a los delincuentes y a las redes familiares de quienes participan en la trama corrupta.
El ciclo del blanqueo de dinero producto de actividades ilícitas es el siguiente:
La etapa inicial la representa la recolección o colocación. Se puede definir como la etapa más arriesgada para los perpetradores debido a que conlleva movilizar grandes sumas de dinero, lo cual no es fácil.
Esta etapa implica mover grandes cantidades de efectivo, lo que resulta riesgoso y puede levantar sospechas de autoridades y personas; además, es susceptible a los famosos tumbes.
Hoy los perpetradores construyen sus mansiones con búnkeres o bóvedas sofisticadas con controles de acceso por reconocimiento facial, alarmas, paredes falsas, entre otras estructuras que hacen las veces de caletos para ocultar dinero, joyas, metales preciosos y otros activos.
El tema no es sencillo debido a las siguientes consideraciones: cada billete de un dólar pesa exactamente 1 gramo. Cuatrocientos cuarenta y ocho billetes de cualquier denominación pesan una libra y 225 billetes de cualquier denominación miden una pulgada. Mientras menor es la denominación, mayor es su peso al manejar un millón de dólares.
Datos estadísticos de la DEA y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos indican que los billetes de 100 y 20 dólares representan los que más son incautados en las grandes operaciones de narcotráfico y contrabando de dinero.
Todos los billetes estadounidenses tienen la misma medida: un ancho de 2.61 pulgadas y una longitud de 6.14 pulgadas.
Cada billete, además de tener la misma medida, está hecho de una mezcla de 75% algodón y 25% lino. Esta combinación ha garantizado su duración y textura uniforme.
Para un ejemplo fácil y rápido en un análisis, presentamos un cuadro con peso y volumen de un millón de dólares.

Luego le sigue la etapa de estratificación o estructuración y consiste en crear un rastro que haga parecer el dinero como proveniente de una fuente legítima a través de transacciones como transferencias electrónicas entre muchas cuentas, creando empresas fantasmas, comprando activos como metales preciosos, joyas, acciones, cambiando o convirtiendo monedas a otras divisas, o invirtiendo en diferentes formas de instrumentos financieros de alto valor comercial, entre otras.
La integración es la etapa final del blanqueo de capitales, momento en que los fondos de origen ilícito se fusionan con fondos obtenidos legítimamente, lo cual le permite a la organización delincuencial mover el producto de los ilícitos sin ningún tipo de restricciones por su aparente origen lícito.
La Fiscalía General de Estados Unidos, dentro del marco de la lucha de ese país contra el crimen organizado transnacional, el año pasado incautó a Nicolás Maduro, a quien calificó como cabecilla de una red criminal en Venezuela, activos por un valor superior a setecientos millones de dólares, compuestos por dos jets, una mansión en República Dominicana, casas multimillonarias en Florida, una granja de caballos, nueve vehículos de alta gama y millones de dólares en joyas y efectivo.
El dinero no miente. Puede fragmentarse, ocultarse y disfrazarse a través de estructuras sofisticadas, pero siempre deja huellas: en los bancos, en los registros de propiedad, en los consumos, en los excesos que no cuadran con los ingresos declarados. Y cuando esas huellas se siguen con rigor técnico y sin interferencias, terminan señalando responsables concretos. La verdadera prueba de fuego no es descubrir el esquema —eso ya es posible—, sino si las instituciones están dispuestas a llegar hasta el final, sin excepciones ni blindajes políticos. Porque en materia de corrupción y crimen organizado, no es la falta de evidencia lo que protege a los culpables, sino la falta de voluntad para convertir esa evidencia en justicia.
El autor es auditor forense y ex viceministro de la Presidencia.


