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El rector que Panamá necesita

El rector que Panamá necesita
Universidad de Panamá. LP/Elysée Fernández

El próximo 1 de octubre tomará posesión el doctor en Ciencias Físicas Emilio Moreno como nuevo rector electo de la Universidad de Panamá. La pregunta que deberíamos hacernos va más allá de la propia Universidad: ¿qué universidad necesitan hoy Panamá y los panameños?

No es un error el título de este artículo. Quizá usted piense que debería ser “El rector que la Universidad de Panamá necesita”. Pero lo que planteo es algo distinto: cuál es el rector que necesita la sociedad panameña —y también el Estado—, dada la enorme responsabilidad que tendrá sobre sus hombros.

La Universidad de Panamá ocupa una posición singular dentro de nuestro sistema institucional. Por la dimensión de sus responsabilidades y por la trascendencia que sus decisiones tienen para el país, la función de su rector podría compararse, salvando las diferencias jurídicas, con la responsabilidad que asume un ministro. Panamá no cuenta con un ministerio dedicado específicamente a las universidades y a la investigación, como ocurre en otros países, y nuestra principal universidad pública desempeña funciones que trascienden ampliamente sus propios campus.

Entre ellas se encuentran la formación de buena parte del talento profesional del país, la investigación y determinadas responsabilidades dentro del sistema nacional de educación superior, como la fiscalización de las universidades particulares y la reválida de títulos obtenidos en el extranjero. Por eso, que le vaya bien a la Universidad de Panamá no interesa solamente a quienes estudian o trabajan en ella: le interesa a Panamá. Y hablamos, además, de una institución que camina hacia su primer centenario.

Panamá ha cambiado enormemente durante estas décadas. A ese cambio han contribuido también los profesores e investigadores de nuestro sistema universitario, aportando conocimiento e ideas transformadoras. Si nos preguntamos dónde se han formado buena parte de nuestros médicos, abogados, economistas, ingenieros, educadores, químicos, veterinarios, biólogos, magistrados y tantos otros profesionales que han construido el Panamá contemporáneo, una respuesta aparece inmediatamente: la Universidad de Panamá.

La investigación es igualmente decisiva. Los investigadores permiten mirar la realidad desde nuevas perspectivas y encontrar soluciones para hacer avanzar al país. Muchos se forman en Panamá; otros amplían sus conocimientos en universidades extranjeras y posteriormente regresan para ponerlos al servicio de nuestra sociedad. Panamá no debería limitarse a importar conocimiento y tecnología. La Universidad de Panamá debe también producir conocimiento útil para resolver problemas panameños.

Si sumamos estos tres grandes roles —fiscalizar parte de nuestro sistema universitario, formar talento y producir investigación—, comprenderemos por qué a todos nos interesa que le vaya bien a la Universidad de Panamá y, por ende, a la persona elegida para dirigirla.

El nuevo rector estará al timón de un barco cuya botadura tuvo lugar hace casi un siglo, pero que ahora debe adaptarse para surcar nuevos mares.

Nuestra sociedad demanda, por ejemplo, más carreras bilingües, algo que requiere inversión en docentes, infraestructura, tecnología, investigación y programas internacionales. Nuestras empresas y el sector público necesitan también profesionales con conocimientos que atraviesen las fronteras tradicionales de las carreras: logística e ingeniería industrial; ingeniería civil y administración; derecho y ciberseguridad; derecho y economía; ingeniería ambiental y dirección de proyectos; física y matemáticas. Es decir, programas de doble titulación y dobles grados que permitan combinar disciplinas.

El mercado laboral ya no piensa únicamente en profesiones aisladas. Cada vez demanda más competencias que se cruzan y profesionales capaces de comprender problemas desde distintas disciplinas. Al nuevo rector le corresponde impulsar esa transformación y fortalecer la conexión entre Universidad, Estado, empresa y sociedad.

Y tendrá ante sí un desafío que ninguno de sus predecesores enfrentó con la intensidad actual: la inteligencia artificial.

La IA está transformando la medicina, el derecho, la ingeniería, la educación, la banca y la administración pública. La Universidad de Panamá no puede contemplar esa transformación desde la distancia. Debe formar profesionales capaces de utilizar estas herramientas, pero también investigadores capaces de comprenderlas, desarrollarlas y estudiar sus implicaciones jurídicas, éticas, económicas y sociales.

Un ejemplo reciente lo encontramos en la banca. La aparición de nuevos y más potentes modelos de inteligencia artificial ha vuelto a poner sobre la mesa los riesgos y oportunidades que estas tecnologías representan para la ciberseguridad. Grandes instituciones financieras están reorganizando estructuras, creando áreas específicas de inteligencia artificial y preparándose para un escenario que exigirá nuevas capacidades profesionales.

Es solo una muestra de la velocidad a la que está cambiando el mercado laboral. La Universidad debe anticiparse y formar profesionales capaces de combinar conocimientos que hasta hace poco parecían pertenecer a mundos diferentes. Si no formamos esos especialistas en Panamá, tendremos que seguir buscándolos o formándolos fuera.

Muchas grandes universidades del mundo han avanzado precisamente mediante una relación mucho más estrecha con los sectores empresarial y público, sin renunciar por ello a su autonomía ni a su misión académica. Universidad, Estado y empresa pueden colaborar en investigación, innovación, formación y transferencia de conocimiento.

Por eso, el éxito del nuevo rector no será únicamente el éxito de una administración universitaria. Será también, en buena medida, el éxito de Panamá. La Universidad de Panamá necesita abrirse más al mundo, investigar más, internacionalizarse, incorporar las nuevas tecnologías y escuchar las necesidades de una sociedad que cambia a enorme velocidad.

El doctor Emilio Moreno, científico y doctor en Ciencias Físicas, tendrá ahora la responsabilidad de ponerse al timón de una institución que se aproxima a su primer siglo de historia. No se trata de abandonar lo que la Universidad ha sido, sino de decidir lo que quiere ser durante los próximos cien años.

Panamá ya ha demostrado que sabe tomar grandes decisiones mirando hacia el futuro. Lo hizo al transformar su sistema de transporte público con la construcción del Metro. Lo hizo con nuevas infraestructuras aeroportuarias. Y lo hizo cuando decidió ampliar el Canal de Panamá con un nuevo juego de esclusas. Fueron decisiones que exigieron inversión, visión y confianza en el futuro.

Ahora también le toca a nuestra principal universidad pública.

El barco es grande y los mares están cambiando. Panamá necesita que su nuevo rector sea un buen piloto, pero, sobre todo, que tenga el valor de descubrirnos nuevas rutas.

El autor es profesor de la Universidad de Panamá.


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