Ahora que finalmente estamos pasando la página de la pandemia de covid-19, un viejo enemigo, el chikungunya, se asoma una vez más por nuestro continente. Y las autoridades de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) está intensificando sus actividades de vigilancia y alertando a los ministerios de salud de la región. Me parece oportuno presentar un poco de los que sabemos del chikungunya, que de seguro muchos recuerdan o al menos les suena el nombre.
Chikungunya es una enfermedad viral transmitida por la picadura de un mosquito. Si el nombre les parece de origen africano, es porque lo es, se deriva del verbo kungunyala del lenguaje makonde y significa más o menos “caminar encorvado de dolor”. Los mosquitos que transmiten esta enfermedad pertenecen al género Aedes, los mismos de la fiebre amarilla, el dengue y el zika. La primera descripción de esta enfermedad fue en Tanzania, en 1952; desde entonces se ha reportado en más de 115 países.
Los síntomas se presentan generalmente entre 4 y 8 días después de la picadura del mosquito y los más frecuentes son fiebre y dolores en las articulaciones. Algunas personas afligidas por estos dolores caminan lentamente, encorvados o doblados, de ahí su nombre. Otros síntomas comunes son los dolores de cabeza y musculares, náusea, debilidad y una erupción en la piel. Las complicaciones son muy infrecuentes, pero un porcentaje importante de personas queda con dolores articulares por varios meses después de la infección. Y esta complicación es, sin duda, lo más característico y problemático de esta enfermedad. Sólo en raras ocasiones ocurren casos mortales y estos son más frecuentes en personas de edad avanzada, con enfermedades crónicas o en niños muy pequeños. Como en muchas otras enfermedades virales no existe ningún tratamiento específico para chikungunya. Así que no vaya a comprar hidroxicloroquina ni ivermectina, por favor. Por lo general se tratan sólo los síntomas.
Cuando chikungunya afecta una población, no es raro ver un gran número de casos en un periodo corto de tiempo. La primera vez que esta infección se detectó en América fue en el año 2013 y en menos de 12 meses ya se habían reportado más de un millón de casos. La situación que tenemos ahora entre manos se debe a que, en los primeros meses de este año, ya hay más de 214 mil casos reportados a la OPS en las Américas.
Hasta ahora, el país más afectado ha sido Paraguay, con más de 130 mil casos. Este año también Uruguay y Argentina han tenido casos causados por transmisión local por primera vez, lo que refleja una extensión geográfica del mosquito transmisor a estos países australes y de clima templado. Temperaturas inusualmente altas y aumento en las lluvias son factores que favorecen la multiplicación de los mosquitos. Un estudio reciente reportó que el hábitat del mosquito se está expandiendo en dirección a los polos a una tasa de 4.7 km por año por el cambio climático. ¡A ese paso, hasta los esquimales van a tener que comprar mosquiteros en un par de milenios!
Otros factores que contribuyen a los casos de enfermedades transmitidas por mosquitos son el crecimiento urbano no planificado y la disminución en las actividades del control de vectores (mosquitos) por la pandemia de covid-19. Y por supuesto, como decía mi abuela, a la gente cochina que deja recipientes y chécheres tirados en el patio que luego sirven de criaderos para el Aedes.
Los médicos pueden sospechar que una persona tiene chikungunya si ésta se presenta con fiebre y los dolores de la artritis típica, en medio de una epidemia. Sin embargo, los síntomas de la enfermedad pueden confundirse fácilmente con dengue y otras enfermedades infecciosas.
Para el diagnóstico específico existen pruebas de laboratorio que pueden detectar anticuerpos contra el virus o pruebas de PCR que detectan el ARN del virus en la sangre en los pacientes. El Instituto Gorgas en Panamá tiene expertos en esta enfermedad y pueden fácilmente confirmar el diagnóstico y hasta estudiar las características genéticas del virus.
A pesar de que la epidemia del 2013 afectó duramente a muchos países, especialmente en el Caribe, Panamá no experimentó un gran número de casos, lo que fue muy bueno en su momento. No sabemos con certeza por qué nuestro país corrió con esa suerte. Quizá esto fue debido a la disponibilidad del diagnóstico temprano en el Gorgas, asociado a una intervención agresiva del control del mosquito alrededor de los casos detectados con fumigación, eliminación de criaderos y otras intervenciones en lo que se conoce como un cerco epidemiológico. Sin embargo, esto puede representar una desventaja para la situación actual.
¿Por qué? Porque si en efecto en Panamá no hubo muchos casos, tampoco vamos a tener muchas personas inmunes ahora, como si las hay en los países que tuvieron miles de infecciones. Una población susceptible combinado con niveles altos del número de mosquitos pueden producir una epidemia importante.
Hasta ahora no hay una vacuna en el mercado para evitar el chikungunya. Sin embargo, hay varias compañías farmacéuticas trabajando en el desarrollo y aprobación de vacunas contra esta enfermedad. Es posible que a mediados del 2024 existan al menos una o dos vacunas aprobadas por la Agencia de Drogas y Alimentos (FDA). Mientras tanto, el control del mosquito es nuestra principal y casi única herramienta. Las medidas empleadas para el control del dengue sirven directamente para controlar los brotes de chikunguya, pues es el mismo mosquito transmisor. Por supuesto que también es importante el fortalecimiento de la capacidad diagnóstica y de atención de pacientes, porque las clínicas y hospitales pueden verse sobrecargados, como ha ocurrido en Paraguay recientemente. Así que a estar preparados si no queremos caminar encorvados o, como dirían los makonde: kungunyala.
El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas
