Me resulta interesante que personas que viajan hacia “las playas” en fines de semanas largo y similares, han descubierto que lo que antes tomaba 55 minutos y 1 hora y media, ahora les toma entre 1 hora y media y 4 horas. Como a los panameños no nos gusta mirarnos al espejo, siempre buscamos a quien “echarle la culpa”.
Infortunadamente, ese tiempo que se demoran de más, es el suplicio diario de miles de compatriotas que viajan desde tan lejos como Capira, hasta la capital para trabajar. Es inhumano, por decir lo mínimo que, alguien tenga que levantarse a las 3:30 de la mañana, para dejarle desayuno preparado a sus hijos, alistarse y montarse en un transporte “pirata”, llegar a la panamericana, tomar otro autobús para llegar a la terminal de Albrook, hacer trasbordo y desde ahí tomar otro bus para irse hasta Río Abajo para entrar a trabajar a las 8:00 a.m.
La ruta de vuelta, es exactamente igual o peor, porque la mayoría salen a la misma hora. Ir hacia Panamá Oeste, por el Puente de las Américas tipo 4:00 p.m., es casi una “misión imposible” o dicho más apropiadamente, es como ensillar un gallinazo. Todo esto produce una congestión de tráfico, que no sólo ha generado negocios alternos, como los “supermercados en el semáforo” de Rómulo Castro, sino ha hecho que, quienes tienen que armarse de valor para entrar en esa “marabunta vial”, pierdan la paciencia, la tolerancia y hasta el respeto por los demás.
Los agentes de Proteger y Servir, así como y los de la ATTT, no ayudan mucho; ayer me tocó ver a una de ellos en Coronado que, a pesar que los conos, colocados indicaban que era permitido el giro a la izquierda, la joven de una manera grosera y desconsiderada, vociferaba y trataba con inusitada intolerancia a quienes hacíamos la fila para efectivamente hacer el giro.
Lo he dicho anteriormente y reitero, si alguien no tiene la capacidad para realizar un trabajo, no debe hacerlo. “La culpa” aquí es de sus superiores que permitieron colocar a alguien que no tenía la capacitación requerida a hacer un trabajo para el que no está calificada. Y, ¿cuál es el comentario que se hacía entre los que nos vimos agredidos verbalmente por esta funcionaria? “todos los policías son lo mismo” y “esta gente se ha convencido que son los dueños de Panamá”.
Nuevamente sale a flote la falta de educación y de capacitación con valores y, descubrimos que la génesis de nuestros problemas es la educación. Si, la misma que el doctongo promovió que no era necesaria, a pesar que el resto del mundo descubría otras alternativas que permitieron que las escuelas reabrieran en un espacio de tiempo mucho más corto que los 2 años que sufrimos en Panamá.
Si los agentes de policía actuaran de una mejor manera, las personas sentirían que son solidarios con su padecimiento de viajar 3 o 4 horas para poder ganarse su sustento diario. No se requiere ser un déspota para ganarse el respeto de una comunidad que está ávida de buenos ejemplos. ¿A quién culpar de esta actitud? Pues, yo empezaría por esa gran cantidad de “comisionados y sub comisionados” que se consideran seres supremos. Destaco que he conocido un puñado de buenos oficiales que entienden su rol en la comunidad y lo practican, pero me late que la gran mayoría añora las épocas cuando eran la nueva casta privilegiada del país.
¿Por qué se incrementa el tráfico desde y hacia el oeste de la ciudad capital? Nuevamente hay varios responsables. Por un lado, los precios de las viviendas en los alrededores de la capital, que se incrementaron de manera descontrolada (y detrás de ello hay una cadena de responsables, desde desarrolladores y bancos hasta los “juega vivos”); por otro lado, el otorgamiento de sellos/firmas de manera irregular en planos y autorizaciones de proyectos residenciales, en áreas donde se sabe que no se pueden garantizar los servicios públicos básicos que todo ser humano necesita.
El descontrol de crimen organizado que ha convertido la periferia de la ciudad de Panamá en una tierra de nadie donde ni se protege ni se sirve y en algunas ocasiones, quienes deben velar por el orden son parte cómplice de esos delitos.
Y al final de esta nota, tenemos el gobierno central, en quien está el control y la supervisión de los polos de desarrollo, quien es el responsable de proveer de la infraestructura requerida para que los ciudadanos podamos tener una vida decente y digna. ¿Hace cuánto se inició la conversación sobre lo necesario de la ampliación de la carretera Interamericana? ¿Hace cuanto se ha hablado de la construcción del nuevo puente sobre el Canal de Panamá? Alguien podrá darnos una respuesta sensata. No pedimos una respuesta para salir del paso ni para echarle la culpa al gobierno anterior o peor aún a la pandemia.
Los panameños nos merecemos una mejor calidad de vida. Nos merecemos un mejor Panamá. Iniciemos con la educación, sigamos con valores, luego civismo e participación en el quehacer nacional. No todo es hacer plata. Mas bien es querer a nuestra querida Patria.
El autor es analista político y dirigente cívico
