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El triunfo del enojo: cómo La Libertad Avanza capitalizó la frustración social en Argentina

El triunfo del enojo: cómo La Libertad Avanza capitalizó la frustración social en Argentina
La Libertad Avanza, el partido de Milei, obtuvo más del 40% de los votos en las elecciones legislativas del domingo 26 de octubre. / Getty Images

La política es la gestión de las expectativas, pero, sobre todo, la administración de las emociones colectivas. Las elecciones legislativas en Argentina arrojaron un resultado que, a primera vista, parece una contradicción flagrante: La Libertad Avanza (LLA) obtuvo una victoria contundente con el 40.7% de los votos a nivel nacional, imponiéndose en 15 de las 24 provincias, incluyendo los cinco distritos electorales de mayor peso (Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe y Mendoza). Sin embargo, un análisis de escucha social de 15,000,500 interacciones en la semana previa a la elección revela una atmósfera social dominada por la frustración. Tras filtrar las menciones con carga emocional clara, el 71.4% de ellas correspondía al “enojo”.

¿Cómo se explica esta paradoja? La respuesta no está en negar uno de los dos datos, sino en integrarlos. El oficialismo no ganó por cambiar el humor social, sino por demostrarse como el único actor capaz de representar y capitalizar las distintas facetas de ese enojo.

La arquitectura de la fractura: los dos electorados digitales

El análisis del dataset no mostró un debate, sino dos universos paralelos que explican la composición del 40.7% obtenido:

1. El Archipiélago de la Convicción (19.4% de “alegría”). Este segmento, aunque minoritario en la conversación total, constituye el núcleo duro del oficialismo. Sus palabras clave (gracias, fuerza, vamos, libertad) denotan un voto identitario y épico. Es una base electoral que no evalúa la gestión coyuntural, sino que defiende un proyecto cultural. Este 19% es el “piso” leal que LLA consolidó como propio.

2. El Continente del Enojo (71.4% dominante). Aquí reside la clave de la elección. El “enojo” no es un bloque monolítico. El análisis semántico de este clúster revela una frustración sistémica. Las palabras clave (país, gente, mierda) se mezclan no solo con críticas a @jmilei, sino también con un profundo rechazo a los actores tradicionales: macrismo y kirchnerismo aparecen de manera prominente.

Este “enojo” es, por tanto, el voto bronca de 2023 que, dos años después, sigue activo. Es la fatiga cívica ante las consecuencias de la gestión, pero también la memoria de por qué se votó por un cambio disruptivo.

La batalla por el “enojo”: cómo se construyó el 40.7%

La reciente elección fue una disputa por la apropiación de ese 71% de “enojo”. Los resultados provisorios muestran cómo se dividió. La oposición (Fuerza Patria, ~34%) logró capturar una porción significativa de ese malestar —la parte más crítica con la gestión actual—, pero fue incapaz de aglutinarlo por completo. No consiguió presentarse como una alternativa viable para el votante enojado con el sistema en su totalidad.

El triunfo de LLA se explica por una suma de fuerzas. Su 40.7% es la combinación del 19% que representa el voto “alegría” (su base leal e identitaria) y el 21% del voto “enojo” (el “enojado pragmático”).

El oficialismo ganó porque convenció a una porción mayoritaria de ese electorado frustrado de que, pese a las dificultades de la gestión, la alternativa —el peronismo y sus aliados— seguía siendo la causa original de ese enojo. LLA revalidó su mandato al continuar siendo percibido como el instrumento de castigo contra la “casta”, aunque ahora forme parte del poder.

Un mandato condicionado

Esta amplia victoria no es un “cheque en blanco”. No implica una aprobación de la gestión, sino una renovación del mandato de ruptura. El gobierno no ha vencido al mal humor social; simplemente ha demostrado que la oposición tradicional tampoco puede capitalizarlo.

El oficialismo ganó la guerra de narrativas al lograr que el “enojo” por la gestión (el voto consecuencia) fuera menor que el “enojo” hacia el establishment (el voto bronca). Pero el 71% de frustración sigue latente. El gobierno ha ganado la elección, pero el plebiscito sobre el humor social permanece abierto y será el verdadero desafío de cara a 2027.

El autor es doctor en ciencias y tecnología por la Universidad Central de Catalunya, máster en Marketing por la Universidad de San Andrés y máster en inteligencia artificial por la Universidad Politécnica de Catalunya. Es Director y Fundador de Reputación Digital, una consultora especializada en “social listening”.


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