El turismo crecerá con el proyecto de ley 789

Antes que nada, escribo en calidad de promotor de proyectos, acostumbrado a ver cómo las actividades de nuestro gremio tienen impacto en nuestra economía, como en proyectos de condominios residenciales, edificios de oficinas, centros comerciales y hoteles.

Panamá es un país de una economía dinámica con una gran capacidad de rebotar después de los “cisnes negros” (eventos extraordinarios que no se anticiparon), como lo fue la operación Causa Justa en 1989 y la pandemia que acabamos de atravesar.

Los principales factores que inciden en los altos crecimientos del PIB son el Canal, la logística y las mineras. Adicionalmente, los otros motores de la economía son la construcción, el comercio y el turismo. La construcción, por parte de la empresa privada, estará lenta por los próximos cinco años, debido al inventario por colocar. El comercio está recuperándose, pero el crecimiento sería aún mayor si fortaleciéramos el turismo.

La expansión del aeropuerto, el nuevo centro de convenciones y el puerto de cruceros de Amador son excelentes impulsores para el incremento del turismo, pero sus beneficios se concentran en la ciudad capital. Salvo en el área de Donoso, por las mineras, y la agricultura/ganadería en algunas provincias, el crecimiento está concentrado únicamente en la ciudad capital, limitando nuestra oferta o capacidad de atracción.

Es precisamente al turismo donde debemos dirigir nuestros esfuerzos y eso lo reconocen todos los ciudadanos de la República, porque de una manera u otra lo han percibido. Si bien tenemos una ciudad cosmopolita con rascacielos como en ninguna otra ciudad de Latinoamérica, es al interior del país donde hay que llevar el progreso.

Todos los estudios dictan que el turismo experiencial o de lujo está en crecimiento y es precisamente el que no hemos desarrollado en nuestro país.

Ahora es el momento de hacer lo que hizo Costa Rica con sus desarrollos, que la han convertido en “Costa Rica la verde”, un destino conocido por su biodiversidad, sumado a sus playas. Mirémonos en ese espejo, pues queremos compararnos con destinos creados como Costa Rica, República Dominicana y México. Pero aún no lo somos.

Esto conlleva despertar destinos turísticos dormidos por falta de infraestructura, incluyendo hoteles, y poder así explotar sus virtudes y llevar el desarrollo a comunidades apartadas que sufren de la pobreza y donde se refleja la desigualdad de que tanto se habla en Panamá por falta de oportunidades sostenibles.

Me pregunto, ¿qué beneficio le trae a la economía del país, en cuanto a generación de empleos permanentes y enriquecimiento de todos los sectores de la economía, algunas obras del Estado, como carreteras insignificantes, subsidios, donaciones, etc.? Es un costo que absorbemos todos los panameños sin verse ningún real beneficio económico sostenible en el tiempo.

Igualmente, hay que ver cuántos incentivos da el Estado para patrocinar inversiones con las diferentes leyes que existen y que también repercuten en sacrificios fiscales. Sin embargo, cuando se hace el análisis de distribución de riqueza vía el derrame económico (trickle-down effect) en todo el territorio nacional, es allí donde florecen los beneficios de los incentivos fiscales del proyecto de ley 789.

La verdera génesis de una economía pujante es como decía el doctor Nicolás Ardito Barletta: “exportar, exportar, exportar”. Todo lo que sea ingreso de divisas es similar a exportar. Solo que con turismo exportamos lo que Dios nos dio: una tierra llena de recursos naturales extraordinarios que lastimosamente están ocultos hoy en día.

Si bien queremos llevar el progreso a las áreas rurales de Panamá, no hay forma actual de poder lograr el financiamiento requerido, ya que, para las instituciones financieras, el riesgo es muy grande y aun no comprenden el sector. La nueva ley de incentivos fiscales, que ya ha atraído inversión, haría el cambio de timón, ya que con todas las versiones anteriores no hemos dado en el clavo.

Hay quienes alegan que ya hay inversiones de hoteles en lugares turísticos en el interior sin esos incentivos fiscales, pero estos son de inversiones menores y son contados con los dedos de una mano. La verdadera historia es lo que falta por hacer: hoteles de fama internacional que pongan a Panamá en el radar del turismo de placer.

De no ser así, pues nos tendremos que conformar con el turismo de ciudad, pero me pregunto si acaso, aparte del Casco Viejo y el Canal, tenemos mas atracciones turísticas que ofrecer. Sin embargo, recordemos que Panamá no es Madrid, París ni Nueva York. Sin una forma de costear su desarrollo, nuestros exóticos destinos permanecerán en el anonimato.

El autor es promotor de proyectos


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