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El verdadero cambio no vendrá de la ley

Llegamos al final de esta serie sobre diversidad en juntas directivas y cumplimiento de la Ley 56 de 2017. A lo largo de estas semanas hemos hablado de avances, de brechas pendientes, de inercia organizacional, de inclusión, de competitividad y de reputación país. Pero, si hubiera que resumir toda la conversación en una sola idea, probablemente sería esta: el verdadero cambio no vendrá de la ley. No porque la ley no sea importante.

Todo lo contrario. La Ley 56 tuvo el mérito de poner sobre la mesa una conversación que durante mucho tiempo estuvo ausente de la agenda empresarial panameña. Creó un marco de referencia, estableció objetivos y envió una señal clara sobre la dirección en la que el país quería avanzar. Sin esa ley, es probable que muchos de los avances observados en los últimos años no hubiesen ocurrido o, al menos, no con la misma velocidad.

Sin embargo, las leyes tienen límites. Pueden abrir puertas, pero no obligar a las personas a cruzarlas. Pueden establecer obligaciones, pero no generar convicción. Pueden promover comportamientos, pero no transformar culturas. La verdadera transformación que Panamá necesita en materia de gobernanza es, precisamente, cultural.

El estudio sobre cumplimiento de la Ley 56 muestra que se han producido avances importantes en la participación femenina dentro de las juntas directivas. También evidencia que todavía existen desafíos significativos y que el ritmo de cambio sigue siendo desigual entre sectores y organizaciones. Pero, más allá de los porcentajes, el estudio nos deja una reflexión más profunda: las organizaciones que realmente están avanzando son aquellas que han entendido que la diversidad no es una meta regulatoria, sino una ventaja estratégica. Ese es el punto donde el cumplimiento deja de ser relevante y comienza la transformación.

Porque una empresa que incorpora diversidad únicamente para cumplir con una norma probablemente hará lo mínimo necesario. Buscará alcanzar un porcentaje, satisfacer un requisito y pasar la página. En cambio, una empresa que entiende el valor de incorporar perspectivas distintas en sus procesos de decisión comenzará a replantear la forma en que selecciona a sus directores, cómo construye sus equipos de liderazgo y cómo gestiona el debate interno.

La diferencia entre ambas visiones es enorme. La primera genera cumplimiento. La segunda genera evolución.

En un entorno global caracterizado por cambios acelerados, incertidumbre permanente y desafíos cada vez más complejos, la capacidad de evolucionar se ha convertido en una de las ventajas competitivas más importantes que puede tener una organización.

Quizás por eso, el debate sobre diversidad en juntas directivas nunca debió limitarse a una conversación sobre representación. En realidad, siempre fue una conversación sobre calidad de decisiones. Sobre cómo evitar los puntos ciegos que se producen cuando todos piensan parecido. Sobre cómo enriquecer la discusión estratégica. Sobre cómo construir organizaciones más preparadas para el futuro.

Panamá tiene hoy una oportunidad extraordinaria.

Puede ver la Ley 56 como una obligación regulatoria más, o puede entenderla como el punto de partida para una transformación más profunda de su cultura empresarial. Puede conformarse con cumplir porcentajes o puede aspirar a construir juntas directivas que reflejen la complejidad del mundo en el que operan las empresas modernas.

La diferencia entre una visión y otra determinará, en buena medida, la calidad de nuestra gobernanza en los próximos años. Al final, las mejores organizaciones no son aquellas que cambian porque una ley las obliga. Son aquellas que cambian porque entienden que hacerlo las hace mejores.

Por eso, la pregunta con la que cierro esta serie no es si Panamá logrará cumplir plenamente con la Ley 56. La verdadera pregunta es si tendremos la capacidad de aprovechar lo que la ley intentó enseñarnos desde el principio: que las mejores decisiones rara vez nacen de escuchar las mismas voces de siempre.

El futuro pertenece a quienes entienden que pensar distinto no es una amenaza para la gobernanza. Es su mayor fortaleza.

El autor es socio líder/Deloitte Panamá.


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