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El voto fue claro en la Universidad de Panamá

El voto fue claro en la Universidad de Panamá
Proceso de elecciones en la Universidad de Panamá. Foto: Yaritza Mojica

Recientemente se realizaron las elecciones en la Universidad de Panamá. Los días posteriores a esta fiesta electoral debieron ser un tiempo de reflexión y planificación para el futuro de nuestra casa de estudios. Sin embargo, nos encontramos ante una situación que pone a prueba no solo nuestra institucionalidad, sino también nuestra capacidad de leer los números con objetividad.

El Dr. Emilio Moreno obtuvo el 56% de la ponderación total, una cifra que no deja espacio para interpretaciones dudosas. La competidora más cercana alcanzó el 19.9%. La diferencia es de 36.1 puntos porcentuales, un margen que, en cualquier proceso electoral del mundo, se considera un triunfo arrollador, sobre todo si se toma en cuenta que participaron seis candidatos.

Pero vayamos más allá de las cifras globales. Como docentes, nos interesa particularmente analizar el comportamiento del voto en nuestra comunidad académica. Los datos muestran que el Dr. Emilio Moreno no solo contó con el respaldo mayoritario de estudiantes y personal administrativo, sino que también obtuvo un apoyo contundente entre sus pares: el 60% de los profesores votó por su proyecto.

Esto no es menor. Significa que quienes dedicamos nuestra vida a la docencia y la investigación, quienes conocemos de cerca los desafíos de la gestión universitaria, depositamos nuestra confianza en su liderazgo.

La impugnación presentada ante el Ministerio Público, argumentando que presuntamente faltaron algunos estudiantes en el padrón electoral, merece un análisis riguroso. El padrón estuvo disponible públicamente durante meses, expuesto en vitrinas, páginas web y facultades, con el fin de que pudiera revisarse y corregirse, bajo el principio de publicidad que caracteriza nuestro proceso electoral. Hubo tiempo de sobra para presentar observaciones. Hacerlo ahora, cuando los resultados son adversos, resulta, cuando menos, sospechoso.

Pero, más allá de la oportunidad, está la proporción. Es fundamental recordar que, en el sistema de voto ponderado, el sufragio estudiantil representa el 30% de la ponderación total. Aunque los opositores obtuvieran todos los votos de esos supuestos ausentes —escenario que generosamente concedemos—, la brecha de 36 puntos porcentuales es matemáticamente infranqueable. Para revertir el resultado no solo se necesitaría sumar votos; también sería necesario que más de la mitad de quienes votaron por Moreno cambiaran de opinión. Eso no lo resuelve ningún recurso legal o impugnación, que, para tener alguna viabilidad jurídica, debe afectar el resultado de las elecciones en su esencia.

La pregunta que muchos nos hacemos en los pasillos es: ¿qué persiguen realmente estas acciones jurídicas? Con una ventaja tan amplia, no existe un escenario posible en el que el resultado varíe. Los impugnantes conocen perfectamente que no tienen ninguna oportunidad de revertir el resultado. Entonces, ¿por qué insistir?

Solo cabe interpretar que su intención no es corregir una supuesta irregularidad, sino empañar el proceso, sembrar dudas infundadas y deslegitimar un triunfo que la comunidad ya refrendó con claridad.

La democracia universitaria no se agota en el día de la votación. Se fortalece con la aceptación de los resultados, con la capacidad de reconocer la voluntad mayoritaria y con la disposición de trabajar colectivamente por el bien común.

La comunidad habló: estudiantes, administrativos y, de manera especial, los profesores respaldamos mayoritariamente al Dr. Emilio Moreno.

No desconocemos el derecho de acudir a las instancias pertinentes. Pero sí hacemos un llamado a la cordura y a la grandeza política. Una derrota no es un fracaso personal; es una oportunidad para sumar esfuerzos desde otro lugar.

La Universidad nos necesita unidos, no divididos por recursos judiciales sin sentido. Los números hablaron por sí mismos. Respetemos la democracia, respetemos el voto y construyamos juntos, con el Dr. Moreno al frente, la universidad que todos merecemos.

Porque, cuando la comunidad habla, lo sabio es escuchar. Y la comunidad ya habló, con contundencia y claridad.

El autor es presidente de la Asociación de Docentes de la Universidad de Panamá (ADUPA).


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