Con la definición de los candidatos a elección para la Presidencia de la República es natural que surja la interrogante de quién será el próximo presidente para los panameños.
Pero responder esta pregunta sería especular, ignorando así el poder que tiene el ciudadano al momento de votar.
Por el contrario, ante una decisión importante, sería interesante preguntar, cuáles son los criterios que permitirían que la conciencia del votante oriente correctamente la voluntad del voto.
Lo anterior aportaría elementos para generar un voto pensado y fortalecer así la aptitud de los ciudadanos en hacer la mejor elección.
Ante el contexto actual y los retos que requieren atención inmediata, es necesario elegir un presidente con la capacidad de crear mayor oportunidad de bienestar para la comunidad.
No se trata de idealizar un perfil de presidente, pero sí contar con criterios que permitan un ejercicio del voto más razonado.
Además, es necesario neutralizar la tendencia hacia el clientelismo político y la excesiva intoxicación informativa.
El propósito es orientar al votante con elementos que permitan enriquecer el proceso de deliberación.
Habría que distinguir, que en la decisión de los votantes están presente aspectos emocionales y/o racionales. Y no hay tal cosa, como un voto puramente racional o emotivo, sino que en él están presentes ambas intenciones.
Sin embargo, en este caso no queremos referirnos al voto emotivo dado por simpatía, lealtad partidista, eventos, discursos, a ganador o el intuitivo ante la urna. Queremos más bien enfatizar la importancia de contar con un voto razonado, producto del análisis de información acerca de la integridad de la persona, las propuestas y el equipo de trabajo.
Serviría, por lo tanto, listar criterios que orienten al ciudadano hacia una intención de voto más razonada. Por ejemplo, que pondere objetivamente criterios como la integridad del candidato, el estilo de liderazgo, la capacidad para resolver problemas, la experiencia profesional o política, la plataforma política que lo apoya, la capacidad de diálogo y la visión de país.
El ciudadano podría analizar los datos y la información producto de hechos noticiosos, las certificaciones profesionales o académicas, los sondeos de percepción de liderazgo, las posturas respecto a temas de interés, analizar los datos de apoyo con que cuentan los candidatos a lo interno de su agrupación y los antecedentes.
En este sentido exhortamos a los medios de comunicación a generar los espacios de análisis donde puedan exponerse a la población las fortalezas y debilidades de cada candidato.
Podríamos ponderar en los candidatos la capacidad para generar confianza, la calidad de la experiencia en el sector público o la calidad de la plataforma política y profesional que lo apoya.
Puntualmente, analicemos lo coherente de las propuestas para abordar los problemas de empleo, seguridad, agua potable, el costo de la canasta básica, la seguridad social y la justicia; así como los problemas producto de la migración y el combate al crimen organizado, entre otros.
Evitemos que el elector se obnubile por la descalificación, por la propaganda vacía y por aquella campaña sin escrúpulos hacia las personas, que no aportan en nada al buen razonamiento.
Hagamos un alto al ruido político y ansiolítico de nuestras conciencias; y un alto al monólogo político que evade un compromiso serio por Panamá y de cara al ciudadano votante.
Panamá merece un presidente con experiencia, liderazgo positivo y comprensión del modelo económico, político y social del país. La persona que sea electa debe honrar a la Patria, comprometiéndose con la integridad, la transparencia y el combate contra la corrupción. Debe generar confianza para dialogar con los distintos sectores y enfocarse en la solución de los problemas que nos aquejan. Ciudadano panameño, es necesario que pienses bien tu voto y que elijas un presidente con la intención y la capacidad de generar el mejor bien para toda la comunidad, entendiendo que no habrá mejor bien para Panamá, que aquél que tome en cuenta a todos los panameños. ¡Tu voto vale por Panamá, piénsalo bien!
El autor es abogado y profesor universitario
