Los jóvenes somos los protagonistas del cambio en nuestra nación.
El Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC) es un espacio donde los jóvenes tienen la oportunidad de marcar la diferencia en nuestra nación. No solo se trata de ser escuchados o de cumplir una cuota. Se trata de tomar acción por nuestro propio bienestar y el de nuestro entorno.
En lo personal, el Laboratorio me ayudó a comprender que mi propósito de vida radica en servir a los demás. Así cómo me ayudó a mejorar, también benefició a María, Cristina, Aaron y Stephanie, quienes trabajan en proyectos para brindar oportunidades educativas a madres en las comarcas. También impactó en las vidas de José, Itzel, Ariaxna y Antony, quienes enseñan valores y promueven la salud mental. Yannia, Fabio, Franz y Natanael redefinen la importancia del arte y de la música como una poderosa herramienta para alejar a los niños y a las niñas de la delincuencia. Dina, Nilka, Sofía y Lissette comparten su conocimiento en ciencias y tecnología. Ericka, Wenddy y Yair hacen que las matemáticas sean divertidas. Gabriel, Liz y Bryan crean herramientas para que las personas puedan tener emprendimientos sostenibles. Además, Debbie, Marcos, Emily, Antonier y Maurielka impactan la vida de otros con proyectos de cuidado del medio ambiente. Kevin, Rosa, Magdiel y Bencemar trabajan en la promoción del debate y en la libertad de expresión.
Gracias a estos jóvenes y a 800 más que han pasado por el laboratorio, Ana, de Chiriquí, ha mejorado su comprensión lectora; Abissina, de la Comarca Ngäbe Buglé, domina Excel; Alberto, de Coclé, con tan solo 11 años, promueve la conciencia ecológica en su escuela; Julio, en Bocas del Toro, reconoce la importancia de no olvidar nuestra historia. Jenia, maestra de primaria en Colón, tiene más recursos pedagógicos para enseñar; Joel y Sarah, en Panamá, aprendieron lengua de señas. Esther, madre de dos niños en la comarca Guna Yala, tiene el conocimiento para ayudar a sus hijos con sus tareas; Daniela y Alexander están estudiando las carreras que eligieron en su orientación vocacional; Yelenis y Cristin, agricultoras de café en Panamá Oeste, ahora utilizan el marketing digital para promocionar sus productos; Yazmin ha aprendido que es valiosa y Cristian ha dejado atrás la vida de pandillas y ahora estudia arquitectura. Estos son solo algunos ejemplos de los más de 10 mil beneficiarios del LLAC en estos últimos cinco años. Nunca debemos dudar de nuestra capacidad para impactar positivamente en la vida de los demás.
Los jóvenes agentes de cambio no somos meros observadores: estamos trabajando. Trabajamos contra la corrupción para acabar con la impunidad y con la falta de rendición de cuentas. Luchamos para promover la libertad de expresión y evitar la censura de las voces críticas, así como la manipulación de la información. Nos esforzamos por educar a nuestros niños y niñas para que tengan acceso a oportunidades. Luchamos por la igualdad de género, para poner fin a las brechas salariales y a la discriminación en el ámbito laboral. Abogamos por la salud mental, para terminar con los estigmas y garantizar el acceso a servicios de calidad. Trabajamos por la justicia social, para que nuestras leyes y políticas no perpetúen la desigualdad y la discriminación. Nos esforzamos por fomentar la participación política, para erradicar la apatía y la desconfianza en nuestros sistemas democráticos.
Debemos recordar que no puede haber un cambio sistémico sin un cambio colectivo, y no puede haber un cambio colectivo sin un despertar individual.
Ante los grandes problemas, podemos utilizar tres de nuestros superpoderes: valentía, empatía y ciudadanía. La valentía nos permite enfrentar situaciones difíciles y arriesgadas en lugar de solo quejarnos en las redes sociales. La empatía nos impide creer que algo no nos importa si no nos afecta directamente. Por último, el superpoder de la ciudadanía nos recuerda que no somos espectadores, sino participantes activos en la construcción de los cambios que deseamos en nuestro país.
La verdadera grandeza radica en utilizar nuestros conocimientos y habilidades para construir un presente y un futuro mejor. No desperdiciemos las oportunidades: usémoslas como una fuerza positiva que transforme realidades y deje un legado significativo.
La autora es egresada de LLAC 2019 y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
