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Empresarios y clase productiva: para el 2026, ¿qué haremos?

En mi artículo previo —publicado el 28 de noviembre— afirmé que esta es la hora para que la clase empresarial panameña produjera “chen chen” para el pueblo sin la presión del populismo.

Después de todo, no importa cuánto lo repita el señor presidente ni cuán decepcionado se sienta el pueblo por una aparente promesa rota: ningún gobierno de economía libre producirá dinero… al menos no como cree buena parte de nuestra gente.

La riqueza, en una economía como la nuestra, proviene de la creación, promoción e intercambio de bienes y servicios. Al gobierno le corresponde establecer las condiciones para que esto se dé y darle al pueblo las herramientas —no la comida masticada— para gestionar o participar de este riesgoso, aunque fascinante, “juego”.

Decía mi difunta madre —de cuyo vientre salieron arquitectos, biólogos, traductores y emprendedores— que el dinero no crece en los árboles. No entiendo cómo personas con mayor educación formal que ella piensan que este o aquel gobierno puede resolver el desempleo de todo un país en año y medio. ¡Aun los árboles tienen sus tiempos y ciclos, por Dios!

Cierro mis oídos a la narrativa romantizada del panameño como “víctima” y escribo lo siguiente. Advierto: no será políticamente correcto. Estas son algunas ideas para producir “chen chen” de manera no inmediata, pero sostenible en el tiempo:

1. Saneando la Universidad de Panamá

Durante décadas, ciertos grupos radicalizados han convertido espacios del campus en focos de conflicto que poco contribuyen al pensamiento crítico o al propósito académico de la institución. Recuerdo cómo, durante la “crisis minera”, me enfrenté a un grupo que había cerrado la Vía Argentina. Les dije: “¿Tenían ustedes entre nueve y diez años en 2012? Cuando publicaba la revista Panama Green, financiada con un préstamo, rechacé publicidad minera cuando más necesitaba capital… ¿y ahora me llaman ‘vendepatria’ por no apoyar un cierre de calles?” Mi crítica no se dirige a “criminales”, sino a dinámicas de protesta que terminan afectando a terceros y al desarrollo académico. La señora que regentaba el café donde me refugié terminó quebrando, y en mi caso, mi emprendimiento se retrasó un año.Amigos empresariales: el establecimiento de think tanks y proyectos académicos de análisis serio en la Casa de Méndez Pereira aportaría más al país que limitarse a reparar daños materiales cada vez que surge una crisis.

2. Educando a los más pequeños en responsabilidad personal

Esto requiere ingenio: auspiciar concursos, juegos y talleres sobre ahorro, emprendimiento y pensamiento crítico en escuelas primarias públicas, complementando su limitada formación. ¡Avivémonos! Sectores radicalizados ya conquistaron espacios educativos durante tiempos “de paz”, como se evidenció durante la pasada huelga.

3. Bancos y empresarios: fomentemos talento y emprendimientos de calidad

Panamá no puede limitarse a financiar carritos chicheros y panaderías, mientras enfermedades asociadas a mala alimentación siguen aumentando. Muchos estudiantes de secundaria, tanto de colegios públicos como privados, dominan el inglés y desean aplicar sus conocimientos en robótica, inteligencia artificial o tecnología mediante pasantías y apoyo económico inicial. ¿Y los vendedores tradicionales? Pueden transformarse hacia ofertas más saludables.

4. Hacer lobby para una inmigración de calidad

Los cambios geopolíticos han impulsado la llegada de profesionales extranjeros. Panamá figura entre los destinos predilectos. ¿Por qué no aprovechar este talento en nuestras universidades? No podemos seguir en un modelo educativo endogámico.

Las ideas que tenemos los empresarios para contribuir al país son múltiples y variadas. Allá quienes erróneamente nos resienten, esperando ser despedidos para recibir su “platita” y luego gastarla. No hay nada más satisfactorio que poner el plato sobre la mesa del panameño.

¡Felices fiestas, Panamá!


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