La violencia de género es una consecuencia directa de las relaciones desiguales de poder, en donde se mantiene la división de los seres humanos por sexo y roles, asumiendo que es una forma lógica de crianza y de convivencia en la comunidad, dejando a un lado el grave daño que estas diferencias siguen produciendo en nuestra sociedad, en el cual las mujeres han sido y siguen siendo las más perjudicadas.
Y es que pareciera que lo que se ha avanzado en materia de dignidad humana, en derechos humanos, lo que tanta sangre ha costado a la humanidad ha caído en saco roto. La sociedad mantiene una actitud nada empática, ni preocupada por la integridad, salud y vida de las niñas, jóvenes y mujeres, critica su forma de vestir, de expresarse, juzga sus decisiones en torno a su cuerpo, su expresión de género u orientación sexual y hasta castiga condenando a las víctimas a seguir con su agresor so pretexto de que debe obediencia al hombre.
Públicamente y de forma constante se menosprecia a esas mujeres que tienen la oportunidad de destacarse en distintas áreas, y se les desacredita haciendo énfasis en el incumplimiento de esos roles impuestos socialmente.
La violencia y las historias de terror detrás de cada femicidio, de cada violación sexual, de la violencia doméstica y las distintas discriminaciones que sufren por el hecho de ser mujer, no son casualidad ni es algo aislado, es esa forma patriarcal y misógina de pedir cuenta a las mujeres y de posicionar un discurso machista frente a esas voces cada vez más altas y claras reclamando los mismos derechos para la mitad de la población.
La violencia contra la mujer en su gran abanico de manifestaciones, en vez de acercar a la sociedad en entornos solidarios, pareciera que lo que provoca es un pre juzgamiento que solo refuerza esas ideas de que la mujer debe mantenerse calladita, recatada, decente, buena esposa, fiel y madre ejemplar, si esto no sucede así, pues esta mitad de la población puede encontrarse en un grave peligro, hasta el extremo de que se acabe con su vida.
Hay quienes argumentan que hoy día a la mujer se le respetan todos sus derechos y que la legislación en este sentido es amplia, otros comentarios irían mucho más allá, pues hay quienes sostienen que se han aprobado Leyes especiales para la mujer y que esto también es discriminatorio, que ya están en un plano de igualdad, lo cual es falso.
Lamentablemente la mujer no está en un plano de igualdad y a pesar de que se han aprobado Leyes que protegen sus derechos, siguen existiendo importantes deudas del Estado en torno su protección en diversos ámbitos, así quedó consignado en un reciente informe internacional del Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW-24 de febrero de 2022).
En este informe se destaca la persistencia en los estereotipos de género, los mismos arraigados a los roles de género y la falta de medidas para sensibilizar a los hombres sobre la igualdad entre los géneros y los derechos que tiene la mujer a la igualdad y no discriminación en todos los ámbitos. Refiere también a la falta de información a niñas, adolescentes y mujeres sobre las medidas para fomentar la autonomía en el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.
Entre otras recomendaciones señala, que el Estado adopte un plan de acción integral para modernizar, acelerar y garantizar el acceso a la justicia para las mujeres; eliminar los acuerdos de declaración de culpabilidad en los procesos de violencia de género; adoptar las medidas necesarias para garantizar que los casos de violencia de género y discriminación se gestionen de forma sensible y con perspectiva de género. Estas son algunas de las tantas deudas que mantiene el Estado con la mitad de la población.
La autora es abogada defensora de Derechos Humanos

